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martes, 4 de noviembre de 2014

VALORACIÓN AGRONÓMICA DE LA COMPOSTA Y FACTORES LIMITANTES DE SU APLICACIÓN

 Autora:

Ana Isabel Roca Fernández.
Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo. INGACAL. Apdo. 10 - 15080 La Coruña, España.


1. Valoración agronómica del compost.
1.1. Aspecto físico.
1.2. Aspecto químico.
1.3. Aspecto biológico.
2. Factores limitantes en la aplicación de compost: riesgos.
2.1. Exceso de salinidad.
2.2. Exceso de nutrientes.
2.3. Contaminantes orgánicos.
2.4. Microorganismos patógenos.
2.5. Presencia de materiales inertes y olor.
2.6. Metales pesados.
2.7. Inmadurez del compost.
3. Calidad del compost para su aplicación al suelo.
4. Bibliografía.


 Desde un punto de vista agrícola, la aplicación de un compost al suelo no se debe considerar como algo aislado y referido única y exclusivamente a la calidad y características de dicho compost, sino ligado a la propia problemática del suelo donde se va a aplicar, así como a los cultivos que se van a desarrollar (Costa et al., 1995).

El suelo, visto como un sistema depurador, tiene gran incidencia, puesto que iones aportados por el compost pueden formar complejos con sus coloides minerales. Asimismo, los vegetales que se desarrollan en el suelo pueden asimilar una cantidad considerable de nutrientes, impidiendo su pérdida por lixiviación. Existe, por tanto, un sistema dinámico gracias al cual los elementos nutritivos pueden reciclarse, pasando de los residuos a las plantas, al aire o al agua, y, por lo tanto, puede considerarse al suelo como el mejor destino natural para los residuos. Desde una perspectiva agronómica, tradicionalmente se ha considerado al compost como un producto capaz de restituir al suelo la materia orgánica que se pierde por los cultivos, y en este sentido eran definidos por la legislación española. Pero ya en sus orígenes, el compostaje, concebido como un sistema industrializado de conversión de los residuos orgánicos en fertilizantes, persigue algo más que la simple producción de materia orgánica; por ello, hoy en día, se considera que el compostaje de residuos orgánicos, además de ser una forma operativa para el tratamiento de los mismos, posibilita el retorno a los terrenos de cultivo de una parte de las extracciones minerales efectuadas por las cosechas. Todo esto lleva a considerar al compost, especialmente cuando ha sido elaborado con residuos y procedimientos adecuados, como un material agronómicamente completo y a considerar estos productos como una fuente estimable de recursos minerales. Agronómicamente pues, el compost está reconocido como fertilizante (suministrador de nutrientes) y como enmienda orgánica (mejora la estructura del suelo). Su acción correctora se debe analizar desde tres aspectos diferentes (Costa et al., 1995):

Aspecto físico.

- El compost tiene un efecto directo, debido a su gran contenido en materia orgánica, sobre la macroestructura de los suelos agrícolas, especialmente cuando se trata de zonas áridas. Influye sobre el volumen de los poros, dando como resultado una mejora en la distribución de humedad e intercambio de gases.
- Aumenta la capacidad de retención hídrica, debido a la propiedad de las sustancias húmicas de retener agua.
- Incrementa la retención de nutrientes por las plantas y los elementos traza en el suelo, debido a las propiedades de intercambio iónico de la materia orgánica.
- Previene la erosión del suelo por la acción del humus en la creación de una mejor estructura del mismo.

1.2. Aspecto químico.

La acción nutriente de un compost se puede desarrollar en dos direcciones:

- Directa:
Suministra N, P y K, en porcentajes relativamente pequeños, pero muy equilibrados. Además, de suministrar oligoelementos, que pueden ejercer efectos positivos o causar problemas de toxicidad a largo plazo.

- Indirecta:
Favorece la utilización de los fertilizantes químicos por las plantas. Los óxidos de hierro y aluminio del suelo absorben materia orgánica, impidiendo con ello o cuando menos retrasando, la fijación de los fosfatos solubles. Los compost evitan igualmente las pérdidas por lixiviación de las formas solubles de nitrógeno.

Los elementos cuya presencia se considera fundamental para establecer el valor agronómico del compost son (Costa et al., 1995): carbono, nitrógeno, fósforo, potasio y oligoelementos o elementos traza (metales y metaloides). El proceso de compostaje influye también sobre el valor agronómico del compost dado que dicho proceso consta de dos fases (compostaje y maduración). La primera de ellas, durante la cual se produce una fuerte mineralización de la materia orgánica, tiene gran influencia sobre algunos parámetros incidentes en el valor agronómico del compost. Lo primero que se observa cuando una masa de residuos se somete a un proceso de compostaje es una pérdida de peso con valores muy variados (desde el 12% hasta valores superiores al 50%) dependiendo de la biodegradabilidad de los materiales que se compostan y de su porosidad. Durante el proceso de compostaje se produce un aumento del porcentaje de cenizas y con él, el de todos los elementos contenidos en la fracción mineral, tales como fósforo, calcio, magnesio, sodio y metales pesados. Asimismo, aumenta la capacidad de intercambio catiónico, lo que indica que la materia orgánica restante cuenta con un mayor número de grupos funcionales que la que existía en un principio. Este aumento de macronutrientes y de la capacidad de cambio puede considerarse un hecho positivo, obteniéndose con el compostaje un producto, compost, con mayor poder fertilizante y capacidad de retener iones. Además disminuye el porcentaje de carbono, puesto que la mineralización conlleva la desaparición de las formas más lábiles de éste; si bien la materia orgánica que queda es más policondensada y, por tanto, más favorable desde el punto de vista de formación de humus. En contrapartida, el proceso de compostaje provoca el aumento de la salinidad del material, como se refleja en los valores de la conductividad eléctrica de sus extractos.

La concentración de nitrógeno, al contrario de lo que sucede con otros macronutrientes como fósforo y potasio, no aumenta con el proceso, sino que disminuye en algunos casos. Una pequeña parte de él es inorgánico, encontrándose inicialmente en forma de amonio; va desapareciendo conforme avanza el proceso de compostaje, quedando al final del mismo valores muy bajos. El nitrógeno nítrico se comporta de manera inversa dado que prácticamente no existe al comienzo detectándose al final del proceso, quizás como consecuencia de la mineralización del nitrógeno orgánico, pasando a amonio y oxidándose a nitrato.

Todos estos cambios se llevan a cabo especialmente en la fase de compostaje. La fase de maduración prácticamente no tiene incidencia sobre la mayoría de ellos, puesto que la actividad de los microorganismos es mínima y la pérdida de peso por mineralización es pequeña. Esta fase, en cambio, contribuye a obtener una materia orgánica más humificada, que no se perderá en gran medida al aplicarla al suelo.

1.3. Aspecto biológico.

La adición de compost al suelo favorece la coexistencia en el mismo de diversas especies de microorganismos; si se utilizasen exclusivamente fertilizantes químicos se favorecería sólo la proliferación de especies muy determinadas. El aporte de compost al suelo hace aumentar de forma espectacular la microflora del mismo. El aumento de microorganismos, enzimas y metabolitos microbianos que lleva consigo la incorporación de compost, puede favorecer la estimulación de sustancias de acción fitohormonal por parte de los microorganismos del suelo (Greene, 1980). Estrechamente ligada a la microflora está la producción de sustancias biológicas activas, que pueden influir en el desarrollo de las plantas (vitaminas, hormonas, antibióticos, aminoácidos, etc.).

Un factor extremadamente importante para la fertilidad del suelo es la población microbiana existente, responsable de la eficacia de los ciclos biológicos (C, N, P, etc.) de los cuales depende la mineralización de toda la materia de la que provienen los elementos esenciales para la vida y el desarrollo de las plantas. Particularmente importante es la actividad de los microorganismos en la rizosfera, donde los productos excretados por las raíces determinan una concentración microbiana claramente superior a la del suelo alejado de la raíz.

Por lo que respecta a la fertilidad biológica, los residuos que contienen cantidades altas de nitrógeno y fósforo son muy mineralizables por los microorganismos; en este sentido, todos los microorganismos existentes en el compost desempeñan un papel importante en la mineralización de la materia orgánica, favoreciendo la movilidad de otros micronutrientes y macronutrientes.

Conviene indicar que diversos grupos de mesofauna desempeñan un importante papel en la transformación de los residuos y en su incorporación al suelo. En primer lugar, hay que destacar a los protozoos y rotíferos existentes en el compost y los nematodos y lombrices del suelo. Estas últimas favorecen la mezcla entre los residuos y el propio suelo. También es favorable la acción ejercida por nematodos, rotíferos y protozoos en lo que se refiere a la eliminación de grandes cantidades de bacterias; la disminución del número de bacterias es importante en muchos casos, porque el crecimiento incontrolado conduce al bloqueo de poros del suelo, llevándolo a condiciones de anaerobiosis, obstaculizando con ello el desarrollo de la microfauna y mesofauna.

2. FACTORES LIMITANTES EN LA APLICACIÓN DE COMPOST: RIESGOS.

El empleo de compost en agricultura, en especial cuando se aplican dosis masivas, puede crear problemas de muy diversa índole, pues hay que tener en cuenta que los residuos básicos que los forman (principalmente, residuos sólidos urbanos y lodos de estaciones depuradoras de aguas residuales) incorporan sustancias peligrosas. Conviene tener presente que no va a presentar los mismos problemas un compost que incorpore lodos de depuradora que otro que no lo haga; y lo mismo se puede decir sobre otros residuos que pueden formar parte de ellos. Incluso no supone los mismos riesgos el empleo de residuos sólidos urbanos o de lodos de depuradora de distinta localización o procedencia, pues pueden haber zonas industriales más o menos contaminantes, cuyos desechos o vertidos se incorporen a los residuos citados anteriormente. Al margen de todo esto, existen aspectos que en mayor o menor grado pueden limitar la utilización agrícola de los composts y esos son los que se van a tratar a continuación. Entre éstos se pueden considerar los siguientes (Costa et al., 1995):

2.1. Exceso de salinidad.

El compost, en especial el que incorpora residuos sólidos urbanos en su composición, si se emplea en dosis elevadas y reiteradamente, pueden contribuir a aumentar la salinidad de los suelos donde se utiliza, pues su contenido en cloruro y sodio suele tener cierta importancia. El origen de esta salinidad se puede encontrar en la cantidad de alimentos que han recibido sal de cocina, y que son vertidos a la basura. El lixiviado de los iones, cloruro y sodio por las aguas de lluvia, cuando el compost está apilado y dispone de un buen drenaje, puede contribuir a disminuir considerablemente este problema. Los lodos de depuradora tienen menos problemas desde este punto de vista, debido a que este residuo ha sufrido ya un lavado intenso durante su proceso en la planta de tratamiento. Cuando se ha tratado en la planta depuradora con floculantes, tales como el cloruro férrico, resultan inadecuados incluirlos en el compostaje, dado que pueden resultar perjudiciales si se aplican a cultivos sensibles a los cloruros. El exceso de salinidad puede influir negativamente en la capacidad de germinación de las semillas y en el crecimiento de las plantas. Además, puede provocar un empeoramiento de la estructura del suelo.

2.2. Exceso de nutrientes.

Normalmente, no suele presentar el compost este tipo de problemas; sólo en el caso de que el lodo de depuradora esté incluido en él y que el proceso de compostaje y maduración a que se ha sometido no haya sido el adecuado, se puede dar algún riesgo de este tipo. El contenido en materia orgánica del compost no supone peligro alguno, pues ésta es indispensable para la producción agrícola de un suelo en cantidades que oscilan entre el 1% y el 5% y con las proporciones de compost que se agregan habitualmente al mismo no se llegan a superar estos límites. Si el compost se añadiese en estado de inmadurez, en el que la cantidad de materia orgánica es mayor, la mineralización sería más rápida por ser inestable y, por tanto, tampoco supondría un aumento excesivo de la misma.

El potasio tampoco debería crear ningún problema de toxicidad, puesto que para ello sería necesario emplear cantidades altísimas de compost, que tuviese a su vez elevadas concentraciones de potasio asimilable. El nitrógeno es el nutriente que más problemas podría originar, en especial si el compost lleva incorporados lodos de depuradora, cuyo contenido en dicho nutriente puede llegar a ser bastante alto (0,6-6%). El problema con este nutriente se refiere a la posible lixiviación cuando está en forma de nitratos y la consiguiente contaminación de las aguas subterráneas. Hay que tener en cuenta que si bien la forma nitrato es la más móvil, también es la más disponible para la planta, por lo que muchos problemas se pueden evitar añadiendo el compost en períodos que se correspondan con las necesidades fisiológicas de las plantas y, sobre todo, en terrenos que sean poco permeables para que no exista migración de nitratos a lo largo del perfil del suelo. Asimismo, el empleo de residuos poco compostados en los que puede existir una alta proporción de volatilización de nitrógeno como amonio, puede originar problemas de fitotoxicidad sobre la germinación de semillas (Findenegg, 1987).

En lo que respecta al fósforo, cuando su contenido en el compost sea elevado en función de los residuos que lo forman y teniendo en cuenta la tendencia del suelo a inmovilizarlo, su contenido puede aumentar en los horizontes superiores, pudiendo contribuir con ello a la eutrofización de las aguas superficiales.

El contenido en calcio es elevado, en especial en el compost de residuos sólidos urbanos, lo que permite su utilización para la regeneración de suelos afectados por sales. En suelos de este tipo con predominio del ión Na+ se produce su sustitución por el Ca2+, que forma compuestos más estables, lo que permite el lavado de Na+ en profundidad y disminuye notablemente la conductividad eléctrica de los horizontes superiores.

2.3. Contaminantes orgánicos.

El riesgo de que exista este tipo de productos en el compost dependerá en gran medida de los residuos de partida y de la presencia en ellos de desechos industriales peligrosos. Los problemas originados por algunos de estos productos tóxicos son de tal magnitud que se pone en duda si antes de admitir la inocuidad de un compost debería realizarse un test de planta para confirmar la no fitotoxicidad.

Dentro de los residuos sólidos urbanos, los sacos o botellas con restos de herbicidas que se arrojan en ellos pueden polucionar el compost, así como los desechos de productos farmacéuticos no utilizados. Estudios sobre este tipo de riesgos ponen de manifiesto que en el compost con residuos sólidos urbanos se detecta la presencia de compuestos de carbono policíclicos aromáticos, tales como benzoantraceno, criseno y benzofluorantreno; además, dichos compuestos tienen niveles cien veces superiores a los existentes en un estiércol de caballo; pero también ponen en evidencia que estos productos no penetran en cultivos de champiñones cultivados sobre compost y lo hacen muy poco en raíces de zanahorias; en cambio, las partes aéreas de estas últimas reciben por contaminación atmosférica cantidades de carburos policíclicos muy superiores a las absorbidas por las raíces.

Trabajos realizados por García (1990) sobre compost de residuos sólidos urbanos y compost de lodos de depuradora indicaron que estos últimos contienen una mayor cantidad de compuestos fenólicos, ácidos orgánicos de bajo peso molecular (ácido acético, propiónico, butírico e isobutírico) y lípidos totales que los primeros: asimismo, se puso de manifiesto que el proceso de compostaje, siempre que se realice de forma adecuada, disminuye drásticamente el valor de los ácidos orgánicos y en especial el de los compuestos fenólicos con valores por debajo del 0,10%. En cuanto a los lípidos, los hidrocarburos saturados se ven reducidos con el proceso, en particular los de elevado peso molecular; esto no sucede con los ftalatos, que siguen apareciendo incluso en el compost maduro.

Todo esto viene a confirmar que, si bien el proceso de compostaje no elimina totalmente la fitotoxicidad producida por los compuestos orgánicos, la reduce considerablemente.

En general, se concluye que después de la aplicación de los residuos al suelo, los constituyentes orgánicos se movilizan por procesos físicos, químicos y biológicos; los cambios incluyen volatilización, fotodescomposición, descomposición microbiana, adsorción, lixiviación hacia aguas subterráneas y asimilación por las plantas. De todos estos posibles caminos, los dos últimos son los más perjudiciales desde el punto de vista de la contaminación y deben ser evitados. Un proceso de compostaje adecuado puede ayudar en buena medida a ello.


 2.4. Microorganismos patógenos.

El compost que se obtiene después de un buen proceso biooxidativo, completado con una fase de maduración, debe de estar prácticamente exento de organismos patógenos, pues, la gran mayoría de ellos no llegan a resistir los 60-70ºC que se suelen alcanzar durante el proceso de compostaje. De tal forma que en un compostaje realizado con pilas al aire, son imprescindibles, los volteos, ya que hay que conseguir que la temperatura necesaria para destruir patógenos se alcance en la totalidad de la masa puesta a compostar. Si existiesen problemas de compactación o de mala aireación y no se pudiesen destruir la totalidad de los patógenos, convendría que este producto sufriese una fase de termogénesis antes de emplearse en agricultura.

De los diferentes residuos que se utilizan para formar el compost, los residuos vegetales son los que contienen menor número de organismos patógenos y además es poco probable que resistan las temperaturas que se alcanzan durante el compostaje. Los patógenos más numerosos y peligrosos se encuentran en los lodos de depuradora. Su cantidad depende de las condiciones generales de la población, ya que casi la totalidad de patógenos proceden de aguas residuales urbanas y, del proceso de estabilización que haya sufrido el lodo en la estación depuradora. La mayoría de los patógenos (sobre el 90%) son destruidos durante la fase de estabilización.

Existe una gran cantidad de patógenos y lo que parece excesivamente complicado es realizar un análisis completo en este sentido de cualquier residuo. Por ello, suelen emplearse como organismo índice la especie Escherichia coli o las bacterias coliformes, dada su gran difusión y presencia en aguas de alcantarillado. Sin embargo, no faltan detractores de este tipo de análisis sobre organismos índice, pues ha de tenerse en cuenta que los virus, si bien son poco numerosos, su peligrosidad es muy alta; además, a pesar de que la correlación entre las bacterias coliformes y las patógenas totales es alta en aguas, poco se sabe a este respecto sobre su presencia en los residuos.

La capacidad de supervivencia de los patógenos en el suelo y en las plantas se considera fundamental desde el punto de vista de la aplicación agrícola de los residuos. La supervivencia en el suelo es muy variable y va desde pocos días (como los quistes de protozoos) a varios años (como los huevos de Ascaris lumbricoides).

Conviene indicar que los patógenos en el suelo pueden resistir más en ausencia de radiaciones solares, temperaturas bajas y contenidos elevados de agua. Los virus y la mayor parte de los parásitos no se multiplican, sino que resisten en condiciones adversas. El movimiento vertical y horizontal de los patógenos en el suelo es muy reducido. En EE.UU. la Environmental Protection Agency realizó una armonización entre las diferentes normativas estatales para eliminar o reducir los patógenos, destacando las siguientes técnicas de tratamiento: pasteurización a diferentes temperaturas (su eficacia es relativa), desinfección química mediante encalado (elevando el pH a 12, pero no se consiguen eliminar las formas esporuladas de parásitos y los huevos, especialmente los de áscaris; además, su efecto es temporal), irradiación mediante fuentes de energía variada. Por último, está el proceso de compostaje, que permite obtener un producto relativamente desinfectado como resultado de los procesos termofílicos que se producen durante la biooxidación (Parr et al., 1978).

2.5. Presencia de materiales inertes y olor.

Una de las críticas más habituales por parte de los agricultores en contra del empleo agrícola del compost, y muy en particular cuando los residuos sólidos urbanos forman parte de él, es la presencia de materiales inertes, como trozos de vidrio, plásticos y metales, etc. Entre las diversas razones que se esgrimen en contra de estos productos por su contenido en inertes se pueden citar, las siguientes:

- Dilución de la fracción agronómica interesante del compost (materia orgánica degradable, elementos fertilizantes) por parte de los materiales inertes, los cuales no tienen ninguna acción beneficiosa y su transporte supone un gasto inútil.
- Deterioro de los instrumentos agrícolas: como ejemplo, la rotura de dientes de aparatos por enrollamiento con plásticos o por trozos de vidrio o metales.
- Riesgos de producir heridas en los agricultores que manipulan los productos, producidos por trozos de vidrio, jeringuillas, agentes metálicos cortantes, etc.
- Aspecto estético desagradable, con la consiguiente degradación del medio ambiente. Objetos insólitos, materiales plásticos de colores vivos y demás objetos contribuyen fuertemente a esta contaminación estética, a la cual son bastante sensibles los agricultores, cada vez más concienciados por las campañas antipolución y ecologistas.

A pesar de todo esto, no se debe ver en la presencia de los materiales inertes un aspecto negativo como tal dado que le confieren al compost una estructura apta para hacer de soporte de cultivos, ofreciendo una buena porosidad.

Cuando el proceso de compostaje no ha sido el adecuado puede surgir el problema del olor, lo que contribuye al rechazo por parte de los agricultores para emplear el compost sin ningún tipo de reservas.

2.6. Metales pesados.

Un factor muy a tener en cuenta y que puede limitar el uso del compost, desde el punto de vista agrícola, es su contenido en metales pesados (Costa et al., 1995). El grado de peligrosidad de los metales pesados va ligado a dos propiedades fundamentales que son su toxicidad y su persistencia. Además, hay que añadir la capacidad que posee la planta para absorber cualquiera de estos elementos. Tampoco se deben de obviar los efectos sinérgicos y antagónicos que un elemento puede presentar frente a otros. La suma de todos estos factores resulta fundamental a la hora de evaluar el grado de toxicidad de los metales pesados en el suelo, junto con las características del suelo, como pH o contenido en arcillas.

Actualmente, el problema de los metales pesados en el suelo y su aporte por los residuos sólidos urbanos que se añaden a él acaparan la atención de numerosos investigadores, debido a su fuerte impacto sobre el medio ambiente, por el efecto a largo plazo sobre los eslabones más expuestos de la cadena alimentaria, incluido el hombre, y por las graves y difíciles implicaciones que comporta el intentar remediar la contaminación que provocan. Las cantidades de metales pesados en el compost varían en función de los residuos que forman parte de él. El origen de ellos en los residuos sólidos urbanos hay que buscarlo, por ejemplo, en la eliminación de pilas usadas. Más difíciles de explicar son los contenidos en Cd, Ni y Cr que pueden proceder de botes metálicos, de ciertas pinturas y tintes utilizados en los marcajes de cartones, papeles y materiales plásticos, y, sobre todo, aditivos de polimerización empleados en la fabricación de plásticos.

La existencia de esta contaminación por elementos metálicos hay que tenerla en cuenta cuando se emplean dosis masivas de compost, puesto que existen una serie de cultivos, como la lechuga y el tomate, que tienen tendencia a acumular metales pesados. Parece ser que de los metales que poseen los residuos sólidos urbanos, sólo el Zn, Mn y B están dotados de cierta movilidad; sin embargo, se debe advertir que en algunos composts con alto contenido en Cd, este elemento puede pasar a la parte vegetativa de la planta, como ocurre en el caso del maíz. Debe hacerse una mención especial al Hg ya que tiene tendencia a concentrarse mucho en algunos cultivos, como el champiñón. Los contenidos de metales pesados en el compost que incorpora residuos sólidos urbanos y lodos de depuradora varían bastante dependiendo de las regiones de procedencia de dichos residuos, pues dichos contenidos estarán estrechamente ligados a las actividades industriales.

De entre los factores que regulan el paso de los metales pesados del suelo a la planta pueden destacarse, los siguientes: factores relativos al compost y factores relativos al propio suelo (Costa et al., 1995).

- Factores relativos al compost:

El conocimiento de las cantidades totales de metales pesados que contiene el compost permite apreciar los riesgos de acumulación de los mismos en el suelo y valorar sus peligros potenciales; pero el problema más importante estriba en la posibilidad de migración que tengan dichos metales en el suelo, así como su disponibilidad para las plantas. Generalmente, los metales se encuentran en concentraciones bajas si se considera la fracción hidrosoluble del compost, lo que significa que el peligro ligado a esta fase es más bien pequeño pero existe otra fracción de metales ligados a la parte sólida que podría estar disponible para las plantas. No se ha podido constatar de una forma general si ésta corresponde a la fracción más densa (inorgánica) o a la menos densa (orgánica). La fijación de los metales pesados por la fracción sólida del compost podría deberse a su materia orgánica, por medio de la formación de complejos o bien por la formación de compuestos minerales insolubles, como carbonatos, óxidos, etc.

El pH del compost también influye bastante en la movilidad de los metales; éstos tienen normalmente su valor que está comprendido entre 7 y 8, lo cual determinará una movilidad pequeña, a excepción de los anfóteros (Juste y Pommel, 1977). Además de los contenidos totales de metales pesados interesa conocer otras fracciones de ellos. Los metales que se extraen con agentes quelantes (DTPA, EDTA, etc.) son muy estudiados ya que dan una idea de la cantidad de metal que puede estar en disposición de ser asimilado por las plantas (fracción potencialmente asimilable); asimismo es importante conocer las fracciones que se extraen con una sal neutra (CaCl2, NH4Cl, etc.) ya que indican la fracción de cambio, y, por supuesto, también es interesante estudiar la fracción soluble en agua. Estas dos últimas fracciones son las que pueden absorber las plantas de una forma más inmediata.

- Factores del suelo:

La fase sólida del suelo puede retener a los metales pesados aportados por el compost, en base a los siguientes mecanismos (Costa et al., 1995):

- Intercambio de cationes entre la fase líquida y sólida.

Cuanto mayor sea la capacidad catiónica del suelo, mayor será la inmovilización que se ejerza sobre los metales. Esta capacidad de cambio catiónico depende de la cantidad y tipos de materia orgánica y de arcilla que posea dicho suelo.

- pH del suelo.

Cuanto menor sea el pH del suelo, mayor será el riesgo de paso de metales tóxicos a la solución. En 1919, Lindsay comprobó que una unidad de incremento en el pH hace descender cien veces los niveles de Cd, Cu, Ni y Zn en la solución del suelo. Las condiciones redox y el pH intervienen sobre la estabilidad química de los compuestos que fijan los metales pesados, y en consecuencia sobre su solubilidad. La movilidad de los elementos metálicos es muy variable, depende del estado de saturación y aumenta con el carácter reductor del suelo.

- Efectos sinérgicos.

Debido a ellos, dos elementos pueden producir efectos superiores a los que se obtendrían sumando separadamente las acciones de ambos. También pueden producirse efectos antagónicos que, orientados de manera adecuada, pueden resultar útiles para limitar los riesgos originados por la presencia de ciertos elementos en el compost. Así, por ejemplo, el problema de la contaminación por Cd puede ser regulado con el Zn, haciendo que la relación Zn/Cd sea elevada, ya que la toxicidad del Cd disminuye en presencia del Zn (Chaney, 1977).

Los metales pesados pueden ejercer diversos efectos, en primer lugar, de forma directa sobre las diferentes partes de una planta y posteriormente pueden llegar a afectar incluso a toda la cadena trófica (Costa et al., 1995).

- Efectos de los metales pesados sobre las plantas.

Los metales pesados contenidos en el compost pueden ser absorbidos por las plantas, y esto depende en gran medida de la naturaleza del vegetal y de su sensibilidad, pudiéndose establecer, según Spotswood y Paymer (1973), la siguiente secuencia: leguminosas>remolacha>manzano>cereales. Además, la acumulación de los metales se puede producir en las raíces, hojas, tallos, frutos, etc. y los problemas que surgen son muy variados. La edad de la planta también es un factor a tener en cuenta a la hora del estudio de la asimilación de los metales pesados. Los metales pesados que pueden ser más problemáticos son Cd, Ni (cuya concentración en lodos puede llegar a ser elevada), Cu y Zn (que tienden a acumularse en los tejidos vegetales cuando existen en gran proporción). Los elementos pesados tienen un efecto más o menos directo sobre el metabolismo de los vegetales ya que pueden causar el cierre de los estomas e inhibir la transpiración y también pueden estar asociados a fenómenos de marchitamiento y turgencia. Los metales pesados inhiben la fotosíntesis, no sólo por el cierre estomático, sino por los daños que causan en los cloroplastos. Otro de los síntomas de toxicidad inducida por metales pesados es la clorosis. La reducción de la actividad fosfatásica y la interferencia con la respiración mitocondrial parecen ser las causas más frecuentes de la disminución del crecimiento de la planta debida a metales pesados. Para pequeñas dosis de metales se ha comprobado una acción positiva sobre el crecimiento atribuida a los efectos de alosterismo enzimático o al bloqueo de algunos inhibidores.

- Efectos de los metales pesados sobre la cadena trófica.

En la cadena alimentaria pueden entrar metales pesados procedentes de las plantas; los elementos más representativos son Cd, Cu y raramente Zn. Los animales más sensibles sufren toxicidad por Zn si la dieta contiene entre 500 y 1.000 p.p.m. de este metal como sulfato. Las plantas que contienen alrededor de 1.000 p.p.m. de Zn poseen un tamaño tan reducido que, no resultan rentables económicamente, y la parte comestible para el animal no contiene cantidades nocivas de metales pesados (Chaney, 1977).

Frecuentemente el Cu daña los cultivos antes de que su contenido en la planta llegue a ser tóxico para los animales. El ganado ovino es muy sensible a este metal, por lo que no se debe emplear compost rico en este elemento para cultivos que se vayan a destinar a pastos.

Los elementos que pueden considerarse nocivos para las plantas, los animales y el hombre son: As, B, Cd, Hg, Mo, Ni, Pb, Se y Zn. De éstos, el Cd posee una toxicidad muy elevada, por lo que es uno de los elementos más a tener en cuenta a la hora de aplicar productos con altos contenidos en este metal. Cd, Cu, Ni, Zn y Mo pueden acumularse en las plantas ocasionando problemas en la cadena alimentaria: altos contenidos en Cu, Ni y Zn pueden provocar toxicidad; B, Mo y As son peligrosos para las plantas y para la salud de los animales; Hg y Pb no suelen presentar problemas, puesto que sus formas minerales en el suelo son relativamente insolubles; se suelen acumular si pasan a la planta, en raíces, y sus concentraciones en ellas no son peligrosas para los animales. La planta extrae Cd, Cu, Ni y Zn en forma de cationes, mientras que Mo, B, As y Se se asimilan como aniones.

2.7. Inmadurez del compost.

De todos los riesgos comentados anteriormente, tal vez el que mayores efectos negativos puede producir frente a la utilización agrícola de estos productos es su uso antes de haber alcanzado un adecuado grado de madurez. Este hecho es, sin duda, el causante de la mayor parte de los efectos depresivos que se producen en las cosechas.

El uso de compost inmaduro como enmienda orgánica de suelos puede tener las siguientes consecuencias:

- Provoca una disminución de la concentración de oxígeno en las raíces.
- Produce una elevación de la temperatura en el medio, que puede llegar a valores incompatibles con el desarrollo normal de las plantas.
- En el caso de emplear un producto con alta relación C/N, puede producirse lo que se conoce como “hambre de nitrógeno”.
- Permite la acumulación de ácidos orgánicos de bajo peso molecular y de otros metabolitos orgánicos considerados como sustancias fitotóxicas.
- Asimismo, puede que no se haya conseguido destruir en gran medida los organismos patógenos.

3. CALIDAD DEL COMPOST PARA SU APLICACIÓN AL SUELO.

Siempre resulta difícil definir la calidad de un compost porque ésta va a estar directamente relacionada con la aptitud del mismo para ser utilizado. Además, las características finales del producto están muy influenciadas por las materias primas de que se trate y, sobre todo, por la finalidad que se le vaya a dar al compost.

La calidad del compost viene determinada por la suma de distintas propiedades y características. En cualquier caso, se puede hablar de:

- Calidad física: granulometría, capacidad de retención de agua, humedad, presencia de partículas extrañas y olor, entre otros.
- Calidad química: contenido y estabilidad de la materia orgánica, contenido y velocidad de mineralización de los nutrientes vegetales que contenga y, presencia de contaminantes inorgánicos u orgánicos.
- Calidad biológica: presencia de semillas de malas hierbas y patógenos primarios y secundarios.

Dentro de estos niveles de calidad también deberán establecerse distintas exigencias según el mercado al que vaya destinado pero siempre habrá unos mínimos de calidad de obligado cumplimiento para cualquier aplicación. Por tanto, resulta necesario definir unos criterios generales de calidad del compost y establecer unos parámetros diferenciados para usos diversos, sin que esto signifique que dependiendo del destino final del producto se puedan sobrepasar los niveles máximos de contaminantes permitidos.

La finalidad de crear una normativa sobre calidad del compost debe ir mucho más allá que el evitar una excesiva contaminación del suelo. El término “excesiva” es subjetivo, y no considera el compost como un producto que aporta una serie de efectos beneficiosos al suelo y a los cultivos. Existen normativas, como la austriaca, que se preocupa de que el compost produzca beneficios a los cultivos; otras, como la danesa, que pretenden proteger al suelo de una aplicación excesiva de nutrientes y otras, como la española actual, que se ciñe simplemente a evitar la contaminación excesiva por metales pesados. Estas normativas deberían plantearse para alcanzar la conciliación entre, por una parte, los objetivos de tratamiento y gestión y, por otra, los de producción y calidad, e intereses de productores y usuarios junto con intereses del medio ambiente, en general, y de la sociedad, en particular.

La calidad de un compost obtenido a partir de residuos urbanos está influenciada por dos factores:

- La separación de materiales no deseables, es decir, aquellos cuya degradación biológica es difícil, como plásticos, vidrio, etc., o bien los que puedan aportar materiales tóxicos, como metales pesados y productos químicos, etc. cuya asimilación por parte del cultivo receptor representa un riesgo potencial para la salud.
- La granulometría final del producto vendrá determinada por el proceso de homogenización y fermentación de los residuos, para lo que existen distintas opciones entre las tecnologías existentes.

En la figura 1 se representan de forma esquemática los usos posibles a los que se puede destinar el compost en función de su calidad para su aplicación como fertilizante o enmienda orgánica de suelos.

Figura 1. Posibilidades de aplicación del compost al suelo en función de su calidad (Soliva Torrentó, 2002).


4. BIBIOGRAFÍA.

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lunes, 25 de agosto de 2014

Bienestar animal en bovinos lecheros

Autor/es:
Resumen
El bienestar de los animales de granja ha sido tema importante de investigación en los últimos años. El propósito principal de estas investigaciones es desarrollar métodos apropiados de evaluación, que permitan a los productores tomar medidas para el mejoramiento del bienestar, con el fin de aumentar la productividad de los animales. En esta revisión, se muestran las diferentes aproximaciones que existen para evaluar el bienestar de los animales: el funcionamiento biológico (salud, producción), la naturalidad de su vida (comportamiento normal, ambiente naturales) y el estado afectivo (dolor, sufrimiento). De esta forma, mientras más de las necesidades se cubran, mayor será el estatus de bienestar. Se mencionan también los esquemas de aseguramiento de calidad en las granjas, los cuales hacen distintos énfasis dependiendo de quienes los han desarrollado: industria, ganaderos o investigadores. Estos esquemas deben incluir estándares previamente acordados y estos estándares en bienestar animal deben ser evaluados a través de los recursos entregados, el manejo zootécnico de los animales, los registros de las actividades con los animales y el estado de bienestar desde la perspectiva del animal. Finalmente en base a las 5 libertades o necesidades definidas por la OIE, se presentan algunos ejemplos de cómo se altera el bienestar de las vacas lecheras cuando estas libertades no se cumplen en los sistemas productivos.

Palabras clave: aseguramiento de calidad, libertades, naturalidad, vacas lecheras.
Fraser (2004) señala que tres eventos han contribuido al establecimiento de estándares y el estudio científico del bienestar animal. Uno es la revolución en la agricultura de post guerra en los años 50', en los países industrializados, que llevó a la implementación de los sistemas intensivos. Un segundo hecho es el avance en las actitudes humanitarias hacia los animales, también en los años 50', sobre todo en los países europeos y de habla inglesa. Esta actitud viene de los años 1700, en que el trato humanitario de los animales es percibido como un asunto de preocupación moral. Finalmente, un tercer elemento es el escepticismo mostrado por los consumidores hacia la tecnología, industrialización y poderes corporativos, especialmente cuando estos se inmiscuyen en su vida diaria y los procesos de la naturaleza.
El bienestar animal, su concepto y evaluación han sido temas de investigación en los últimos años, con el objeto de desarrollar métodos para evaluarlo a nivel de granja, que permitan a los propietarios tomar medidas que lo mejoren, aumentando en forma indirecta la productividad de los animales (Arraño et al., 2007).
Mellor y Bayvel (2004) señalan que en los últimos 15-20 años el foco ha cambiado desde una ciencia animal basada en el incremento de la productividad a un foco en una productividad basada en el respeto al bienestar animal. Estos adelantos en el ámbito de la producción, salud y bienestar animal han estado asociados a cambios de la percepción de los animales por las personas, sobre todo en relación a sus necesidades, como ellos, los animales, son afectados positiva o negativamente por lo que se les hace y como deben ser tratados. De esta forma el éxito de la empresa lechera dependerá de la satisfacción de las necesidades básicas de los animales (Albright y Arave, 1997).
El término de “necesidad” es usado para referirse a una deficiencia en un animal, la cual puede ser remediada por la obtención del recurso en particular o respondiendo a un estímulo corporal o ambiental (Fraser y Broom, 1997). Los individuos pueden tener una variedad de necesidades, algunas de mayor urgencia y cada una es consecuencia de la biología del animal; en general se distinguen necesidades fisiológicas y de comportamiento (Fraser y Broom, 1997).
De esta forma tenemos distintas definiciones de bienestar animal, la más aceptada es la de Broom (2001) que señala que es “el estado de un individuo en sus intentos de mantenerse en equilibrio con su ambiente” o la de (Whay et al., 2003) “cualquier punto de la calidad de vida que pueda tener influencia en el estado físico o mental de un animal”. En ambos casos el bienestar no se refiere sólo al estado físico, sino que incluye el estado mental del animal. Al respecto, Von Keyserlingk et al. (2009) señalan que al evaluar el bienestar animal debemos considerar tres factores importantes, el funcionamiento biológico (salud), la naturalidad de su vida y su estado afectivo (estado mental), estos estados al sobreponerse constituyen el estado ideal de bienestar, ya que el logro de uno sólo no garantiza que se haya logrado un estado de bienestar.
El bienestar de un animal de granja depende de su habilidad para mantenerse sano y libre de sufrimiento. La responsabilidad del ganadero es asegurar a sus animales un adecuado bienestar proveyéndoles de unas prácticas zootécnicas adecuadas; la del consumidor es asignar un mayor valor intrínseco a los animales de granja aceptando que al hacerlo los productos que consumen tendrán a su vez un mayor valor comercial (Webster 2001). En este sentido se han desarrollado esquemas de aseguramiento de calidad con el objetivo de proveer al consumidor de la tranquilidad de que en la producción del alimento que éste consume se han respetado aquellas áreas que le preocupan, tales como seguridad alimentaria, manejo del ambiente y bienestar animal (Wood et al., 1998).

De acuerdo con Main et al. (2001) los estándares en bienestar animal que se incluyen es estos esquemas se pueden evaluar de acuerdo a los siguientes criterios. Recursos: la provisión de facilidades necesarias para asegurar adecuada alimentación, alojamiento y sujeción de los animales. Manejo: utilización de procedimientos zootécnicos correctos y competentes. Registros: evidencia escrita del uso de medicamentos, incidencia de enfermedades y lesiones. Estado de bienestar: evidencia de la condición física y mental de los animales tal como ellos la perciben. Los autores señalan que es importante reconocer que el fin de los sistemas de aseguramiento es asegurar que se cumpla con los estándares, por lo que es más fácil determinar la provisión de recursos que el resultado de esto, que es la evaluación del bienestar el cual es más subjetivo; sin embargo estado de bienestar es finalmente lo que interesa tanto al consumidor, como a los mismos animales.

El bienestar animal puede ser evaluado observando si los animales reciben una provisión de una dieta, manejo y alojamiento adecuados y a través de indicadores basados en el animal, tales como ausencia o presencia de enfermedad y su comportamiento (Johnsen et al., 1991). Así, para evaluar el bienestar se puede utilizar la observación directa o los registros de la granja sobre cualquier aspecto del factor bienestar como la severidad, duración o incidencia (Whay et al., 2003).

Sin embargo, el estudio del bienestar animal continúa siendo un tema complicado de abordar, principalmente debido a dos problemas que se relacionan a: i) como medir el bienestar animal y ii) como cuantificar las mediciones (Mench, 2000). Según Broom y Jhonson (1993), debe hacerse una diferenciación entre los cambios conductuales y los de tipo fisiológico, teniéndose en cuenta que el bienestar animal es una característica propia de cada individuo y es dependiente del tipo de observaciones y mediciones que se efectúen. Mench (2000) indica que el más importante y utilizado indicador del bienestar animal es la presencia o ausencia de algún grado de estrés, el cual según Grandin (1997), incluye a su vez cambios conductuales y fisiológicos.

Von Keyserlingk et al. (2009) en una revisión acerca del bienestar en vacas de lechería enfatizan la evaluación del bienestar basados en aspectos relacionados con enfermedades y prácticas de manejo que afectan la función biológica, el estado afectivo y la naturalidad de las vacas. Ellos indican que el bienestar puede ser evaluado basados en las 5 libertades o necesidades definidas por la Organización Mundial para la Salud Animal en el 2008, que indican que los animales deben estar saludables, confortables, bien nutridos seguros, libres de expresar su comportamiento natural y no sufrir de dolor, miedo o distrés.

Basándonos en esas cinco libertades daremos al- gunos ejemplos de cómo éstas se pueden ver afecta- das en los establecimientos lecheros provocando un estado de falta de bienestar para las vacas.


Libres de sed, hambre y malnutrición

En relación a este punto Gregory (2004) señala que los rumiantes por su producción de saliva generalmente no manifiestan los mismos signos de la sed que los monogástricos, lo cual no es un indicador de que no sufran de ésta. En un reciente trabajo realizado por Córdoba (2010) en 50 granjas lecheras del Sur de Chile se encontró que la disposición de los bebederos, su tamaño y la calidad del agua en cuanto a limpieza dejaba mucho que desear. Considerando que las vacas lecheras modernas producen en general más de 6000 litros por lactancia, el aporte de agua en cuanto a cantidad y calidad es un aspecto muy importante no sólo del punto de vista del bienestar de ellas, sino del punto de vista productivo. Por otra parte, una condición que puede producir deshidratación en terneros de lechería está relacionada con las diarreas neonatales, sobre todo, cuando se reduce el aporte de la dieta líquida, como parte del tratamiento.

El estado nutricional de la vaca lechera es fácil de determinar mediante la estimación de la condición corporal de la vaca (Edmonson et al., 1989). En la escala de 1 a 5 la vaca al parto no debería estar bajo una CC de 3 - 3,5; su disminución en los primeros 70 días de lactancia debido al balance energético negativo no debería ser mayor a 0.5, iniciando la recuperación de las reservas energéticas a los 80 - 90 días postparto (Contreras 1998; Veerkamp, 1998). Gregory (2004) señala que en NZ alrededor del 34% de las vacas lecheras que se envían a los mataderos están en una condición de emaciación, con menos de 5% de grasa corporal.



Libres del no confort

En los sistemas lecheros existen numerosas causas de no confort. Fallas de la infraestructura, aumento de las densidades de animales, malos caminos, falta de sombra en los potreros, exceso de moscas, exceso de gritos y ruidos. Fallas en los equipos de ordeña lo cual puede causar sobre- ordeño y daño en los pezones.

La limpieza del animal es un aspecto que debe ser considerado. Las vacas habitualmente son animales que mantienen su pelaje limpio, con excepción de los cascos que pueden ensuciarse al transitar por terrenos con barro. Un pelaje sucio indica que el animal es mantenido en condiciones precarias de higiene o la presencia de diarrea (Hughes, 2001). De acuerdo con Hughes (2001) y Whay et al. (2003) las personas desarrollan cierta tolerancia a la situación. Esto puede llevar a una exposición a patógenos ambientales, como E.coli y Streptoccoccus uberis que pueden provocar mastitis ambientales (Bradley y Green, 2000). La amputación del rabo en las vacas con el objeto de mejorar la higiene de la ubre es una mutilación que ya no es aceptada, por no tener una base científica que la sustente, además produce alteraciones en el comportamiento natural de la vaca al eliminar un apéndice que le permite espantar a los insectos.

En vacas a pastoreo el acceso a la sombra es importante, sobretodo en regiones tropicales y subtropicales, aunque también en países de climas más templados, como Chile o Nueva Zelanda, existen épocas del año (verano) en que las temperaturas pueden superar los 30 grados y las vacas necesitan acceso a lugares con sombra. Schutz et al. (2008) demostraron en un estudio de preferencia que vacas mantenidas por períodos largos de pie (12h), cuando se les ofreció la oportunidad de echarse o quedarse de pie a la sombra, prefirieron esto último, cuando las temperaturas eran superiores a 25 grados. Este estudio coincide con los hallazgos de Tucker et al. (2008) quienes encontraron que las vacas utilizan la sombra durante los momentos de mayor radiación durante el día y que prefieren permanecer de pie bajo ella. Los bovinos resisten mejor el frío que el calor, por lo que es necesario ofrecerles sombra y agua ad libitum, limpia y fresca. Cook et al. (2007) señalan que entre los signos de estrés calórico se puede observar, lengua afuera, aumento de la frecuencia respiratoria lo cual puede producir alcalosis metabólica, aumento del tiempo que permanecen de pie lo que aumenta la predisposición a cojeras, disminución del consumo y disminución del flujo sanguíneo a la glándula mamaria lo que va a resultar en una reducción de la producción de leche. Por otra parte la exposición directa a los rayos solares pueden producir aumento de la frecuencia de presentación de fotosensibilización con daño de la piel, dolor e incomodad para el animal.



Libres de dolor, heridas y enfermedades

La mantención de la salud del rebaño lechero es una de las actividades donde se han concentrado los mayores esfuerzos por parte de la profesión médico veterinaria. Esto ha través de programas de prevención de enfermedades mediante la vacunación del rebaño o medidas de control y erradicación de enfermedades. Sin embargo, aún existen diversas afecciones que afectan a la vaca lechera y que causan dolor y disconfort. Entre las más frecuentes se cuentan las cojeras y las mastitis.

Las afecciones podales determinan un fuerte estado de distrés, ya que el dolor esta siempre presente, el cual es el principal problema desde el punto de vista del bienestar del animal (Galindo y Broom, 2002; Green et al., 2010). Whay et al. (1997) y Whay et al. (1998) encontraron que las cojeras causadas por úlceras plantares y enfermedad de la línea blanca producen un estado de hiperalgesia, en el cual el umbral de dolor en vacas cojas disminuye con respecto a las vacas sanas, éste estado puede mantenerse hasta por 28 días post tratamiento. Estudios llevados a cabo por nuestro grupo de trabajo en la Universidad Austral de Chile, utilizando una metodología similar a la de Whay et al. (1997), encontraron diferencias significativas entre vacas sanas y aquellas que tienen grados clínicos de cojeras en relación al umbral de dolor (Tejeda, 2006).

Existen, además, algunos procedimientos que se utilizan de rutina en las granjas que producen dolor y que deberían ser realizados bajo anestesia local. Entre ellos destacan el descorne de los terneros y vacas, castraciones, remoción quirúrgica de los pezones supernumerarios, amputación del rabo en las vacas lecheras. Esta última práctica debería ser eliminada, ya que se probado que no produce ningún beneficio en cuanto a la limpieza de la ubre, recuento de células somáticas e infecciones intramamarias (Schreiner y Ruegg, 2002) y puede ser reemplazada por el recorte de los pelos de la punta del rabo. Por otra parte se ha demostrado que muchas vacas que han sido amputadas desarrollan neuromas, lo que produce un aumento de la sensibilidad de la zona amputada al calor y el frío, similar a la que sucede en los seres humanos a los cuales se les ha amputado un miembro (Eicher et al., 2006).

El descorne debería ser realizado antes del mes de edad utilizando pastas cáusticas, Von Keyserlingk et al. (2009) señala que la administración de xilacina previo al descorne con pasta elimina la necesidad de restricción de movimientos al aplicar la pasta y los terneros demuestran poco reacción al cáustico durante varias horas posterior a su aplicación. Cuando se realiza el descorne posterior a los dos meses de edad, se debería utilizar anestésicos y analgésicos de larga duración (Vasseur et al., 2010).

Lesiones en la grupa flancos y tarsos pueden ser demostraciones de problemas relacionados con fallas en la infraestructura, inyección de medicamentos o maltrato por parte del personal. Existen además lesiones causadas por ectoparásitos, tales como sarna, piojos etc. que pueden producir lesiones en la piel.

Libres de expresar su comportamiento natural

Los bovinos son animales que actúan en grupos y se forman lazos sociales entre individuos del mismo grupo, por tal razón el separar los terneros tempranamente de sus madres o mantenerlos en confinamiento individual produce un grado de estrés. Se ha demostrado que la crianza de los terneros en grupos los prepara mejor para enfrentar los desafíos de la vida en común cuando crezcan, por otra parte el alimentar a los terneros utilizando dispensadores automáticos que simulan los pezones de la vaca y aumentando la cantidad de consumo de litros durante las primeras semanas, permiten disminuir el estrés, aumentar la tasa de crecimiento, disminuir la succión cruzada de ombligo, orejas y morro y las vocalizaciones (de Pasille y Rushen, 2006). En este sentido la mantención de los terneros amarrados en forma individual, después de los dos meses de edad está prohibida en los países europeos.

En el caso de los animales adultos existen manejos que pueden interferir con las manifestaciones del comportamiento habitual de los animales. Por ejemplo, en vacas en sistemas confinados los pisos resbalosos pueden alterar las manifestaciones de estro de las mismas. Las vacas en sistemas de confinamiento tienden a estar más tiempo en decúbito, ya que no deben caminar para obtener su alimento; sin embargo, si los cubículos no son los adecuados estos pueden producir alteraciones del comportamiento de la vaca y podemos encontrar animales acostados en los pasillos o realizando perching. Vacas que están en confinamiento y amarradas, pueden ver disminuidas sus posibilidades de interactuar con las otras vacas.

En aquellos casos en que se estabulan animalesde distintas edades en espacios reducidos esprobable que las vacas más jóvenes sean agredidaspor las más dominantes y vean restringido su accesoa la alimentación, el agua o los dormideros.


Libres de miedo y distrés

De acuerdo con Broom (1991) el miedo puede ser producido por el riesgo de un ataque de un predador o por el riesgo de daños producidos por otro animal de la misma especie. El miedo puede ser consecuencia de manejos desconocidos para el animal, como el transporte, manipulaciones en la granja y su respuesta puede traducirse en inmovilizaciones, vocalizaciones, intentos de escape o ataque, aumento de la frecuencia cardiaca.

Las vacas tienen una zona de fuga (flight zone), espacio que ellas consideran como propio por lo que cuando un extraño u otro animal entran en ella hace que ésta se aleje. La vaca lechera, por su función, está en directo contacto con el ser humano desde su nacimiento hasta que comienza su época productiva por lo que su zona de fuga es muy pequeña. De acuerdo con Grandin (2000) esta zona está determinada por la docilidad y rusticidad del animal y es afectada por experiencias estresantes previas. Las vacas que son manejadas en forma tranquila permiten que una persona se acerque y en muchos casos puedan tocarlas. Vacas en sistemas de estabulación tienen zonas de fuga menores que aquellas que están manejadas a campo. Se considera que zonas de fugas menores a 1 metro reflejan ausencia de temor frente a la presencia de los seres humanos y zonas de fugas superiores 2 m indicarían lo contrario.

Rushen et al. (1999) describieron que las vacas tienen la habilidad de reconocer al operario que las maltrata y esto disminuye su producción de leche. Esto ha sido corroborado por trabajos realizados por Hemsworth et al. (2002) que demostraron como la producción de leche, proteínas y grasa de las vacas se incrementó posterior a un estudio de intervención donde se mejoraron las actitudes y el trato del personal hacia los animales.

Moberg (2000) define el estrés como la respuesta biológica que se presenta cuando un individuo percibe alguna amenaza a su homeostasis. Según Selye (1973) citado por Caballero y Sumano (1993), los agentes inductores de estrés son detonadores de respuestas orgánicas capaces de desequilibrar los mecanismos reguladores de la homeostasis. En respuesta a los agentes desencadenantes de estrés aparece el Síndrome General de Adaptación (SGA) con sus tres fases i) respuesta inmediata, mediada por el sistema simpático, ii) resistencia, frente a estímulos crónicos, con participación del eje hipotálamo hipófisis y corteza adrenal y iii) reacción de agotamiento cuando el estímulo crónico sobrepasa los niveles de resistencia y puede terminar con la muerte del individuo. Sin embargo, Bohus (1987) indica que las tres fases que se presentan en el SGA de Selye no representan fielmente la realidad en los animales, ya que, estos presentan reacciones diferentes a los humanos en cuanto a la percepción de ambiente, estrés y adaptación.

Cuando la respuesta del animal al o los factores estresantes pone en riesgo su bienestar, éste pasa a una etapa de distrés (Moberg, 2000). De acuerdo con Mellor et al. (2000) un animal entra en un estado de distrés cuando es expuesto a experiencias dañinas que producen respuestas fisiológicas, independientemente de si el estímulo es emocional (miedo); físico (ejercicio intenso) o ambos (dolor). Los estados de distrés, son estados que siempre se consideran patológicos, a diferencia del stress que a pesar de producir cambios fisiológicos, estos pueden ser positivos desde el punto de vista de actuar como una reacción de defensa del animal frente a un estímulo que el considera nocivo.

Los estados de estrés o diestrés pueden ser medidos a través de variables sanguíneas sean estas hormonas o metabolitos. La ventaja de estas mediciones es que producen resultados cuantificables y posibles de comparar. El estrés induce varias respuestas hormonales adaptativas, entre las más destacadas están la secreción de catecolaminas en la médula adrenal, corticoesteroides en la corteza adrenal y ACTH en la hipófisis anterior. Existe un gran número de interacciones en la liberación de estas hormonas. Así, los glucocorticoides regulan la biosíntesis de catecolaminas en la médula adrenal y las catecolaminas estimulan la liberación de ACTH en la hipófisis anterior. Además, existen otras hormonas como el factor liberador de la corticotrofina, el péptido vasoactivo intestinal y la vasopresina arginina estimulan la liberación de ACTH, mientras que la somatostatina la inhibe. En conjunto, estos agentes determinan una compleja respuesta fisiológica a los distintos factores inductores de estrés (Axelrod y Reisine, 1984).

Entre los indicadores sanguíneos de estrés más comúnmente utilizados tenemos las concentraciones de adrenalina, noradrenalina, Factor Liberador de Corticotropina, cortisol, prolactina, metabolitos como glucosa, ácidos grasos libres, b-hidroxibutirato, CK, leucocitos, y variables fisiológicas como temperatura corporal, frecuencia cardiaca, respiratoria, hematocrito y relación neutrofilos/linfocitos. Estas variables han sido utilizadas frecuentemente para medir estrés por transporte o por manejo en la especie bovina y ovina (Crookshank et al., 1979; Mitchell et al., 1988, Warris et al., 1995, Tadich et al., 2000). Recientemente se ha comenzado a utilizar la medición de haptoglobina, una proteína de fase aguda, unida al grupo hemo, como un indicador de la presencia de enfermedades en el ganado bovino y estrés en cerdos. Estudios efectuados por Horadagoda et al. (1999); Humblet et al (2002) demuestran que en bovinos enfermos la haptoglobina es un indicador más preciso y precoz que las células de la línea blanca; por otra parte Saco et al. (2002), en estudios realizados en cerdos encontraron que esta proteína es un mejor indicador de estrés que en el cortisol, no presentando variaciones circadianas. Nuestros estudios al respecto han encontrado resultados que indican que la haptoglobina aumenta significativamente a medida que aumenta el grado de cojera en vacas lecheras (Tejeda 2006). Estos resultados alienta el uso de esta proteína como un adecuado indicador de la inflamación producida por las cojeras.

A pesar que las medidas de protección aplicadas para mejorar el bienestar de los animales de granja son muchas veces consideradas como opuestas a una producción de bajo costo. Esto no siempre es así existen muchas medidas en que el BA se puede lograr a costos más bajos (Wyss et al., 2004) o como consecuencia de su mejoría se aumenta la producción.

Por lo expuesto anteriormente se recomienda capacitar a los médicos veterinarios para que puedan aplicar protocolos simples de evaluación del bienestar de las vacas lecheras y proponer medidas prácticas para mejorar las deficiencias encontradas. Entre ellas la educación y capacitación del personal de las granjas que trabaja diariamente con los animales, la infraestructura, y las medidas de manejo aplicadas a los animales.



Agradecimientos

El autor expresa sus agradecimientos por la financiación de este manuscrito mediante el Proyecto FONDECYT 1090373.

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Publicado Originalmente en Revista Colombiana de Ciencias Pecuarias, Vol 24, No 3