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martes, 4 de noviembre de 2014

VALORACIÓN AGRONÓMICA DE LA COMPOSTA Y FACTORES LIMITANTES DE SU APLICACIÓN

 Autora:

Ana Isabel Roca Fernández.
Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo. INGACAL. Apdo. 10 - 15080 La Coruña, España.


1. Valoración agronómica del compost.
1.1. Aspecto físico.
1.2. Aspecto químico.
1.3. Aspecto biológico.
2. Factores limitantes en la aplicación de compost: riesgos.
2.1. Exceso de salinidad.
2.2. Exceso de nutrientes.
2.3. Contaminantes orgánicos.
2.4. Microorganismos patógenos.
2.5. Presencia de materiales inertes y olor.
2.6. Metales pesados.
2.7. Inmadurez del compost.
3. Calidad del compost para su aplicación al suelo.
4. Bibliografía.


 Desde un punto de vista agrícola, la aplicación de un compost al suelo no se debe considerar como algo aislado y referido única y exclusivamente a la calidad y características de dicho compost, sino ligado a la propia problemática del suelo donde se va a aplicar, así como a los cultivos que se van a desarrollar (Costa et al., 1995).

El suelo, visto como un sistema depurador, tiene gran incidencia, puesto que iones aportados por el compost pueden formar complejos con sus coloides minerales. Asimismo, los vegetales que se desarrollan en el suelo pueden asimilar una cantidad considerable de nutrientes, impidiendo su pérdida por lixiviación. Existe, por tanto, un sistema dinámico gracias al cual los elementos nutritivos pueden reciclarse, pasando de los residuos a las plantas, al aire o al agua, y, por lo tanto, puede considerarse al suelo como el mejor destino natural para los residuos. Desde una perspectiva agronómica, tradicionalmente se ha considerado al compost como un producto capaz de restituir al suelo la materia orgánica que se pierde por los cultivos, y en este sentido eran definidos por la legislación española. Pero ya en sus orígenes, el compostaje, concebido como un sistema industrializado de conversión de los residuos orgánicos en fertilizantes, persigue algo más que la simple producción de materia orgánica; por ello, hoy en día, se considera que el compostaje de residuos orgánicos, además de ser una forma operativa para el tratamiento de los mismos, posibilita el retorno a los terrenos de cultivo de una parte de las extracciones minerales efectuadas por las cosechas. Todo esto lleva a considerar al compost, especialmente cuando ha sido elaborado con residuos y procedimientos adecuados, como un material agronómicamente completo y a considerar estos productos como una fuente estimable de recursos minerales. Agronómicamente pues, el compost está reconocido como fertilizante (suministrador de nutrientes) y como enmienda orgánica (mejora la estructura del suelo). Su acción correctora se debe analizar desde tres aspectos diferentes (Costa et al., 1995):

Aspecto físico.

- El compost tiene un efecto directo, debido a su gran contenido en materia orgánica, sobre la macroestructura de los suelos agrícolas, especialmente cuando se trata de zonas áridas. Influye sobre el volumen de los poros, dando como resultado una mejora en la distribución de humedad e intercambio de gases.
- Aumenta la capacidad de retención hídrica, debido a la propiedad de las sustancias húmicas de retener agua.
- Incrementa la retención de nutrientes por las plantas y los elementos traza en el suelo, debido a las propiedades de intercambio iónico de la materia orgánica.
- Previene la erosión del suelo por la acción del humus en la creación de una mejor estructura del mismo.

1.2. Aspecto químico.

La acción nutriente de un compost se puede desarrollar en dos direcciones:

- Directa:
Suministra N, P y K, en porcentajes relativamente pequeños, pero muy equilibrados. Además, de suministrar oligoelementos, que pueden ejercer efectos positivos o causar problemas de toxicidad a largo plazo.

- Indirecta:
Favorece la utilización de los fertilizantes químicos por las plantas. Los óxidos de hierro y aluminio del suelo absorben materia orgánica, impidiendo con ello o cuando menos retrasando, la fijación de los fosfatos solubles. Los compost evitan igualmente las pérdidas por lixiviación de las formas solubles de nitrógeno.

Los elementos cuya presencia se considera fundamental para establecer el valor agronómico del compost son (Costa et al., 1995): carbono, nitrógeno, fósforo, potasio y oligoelementos o elementos traza (metales y metaloides). El proceso de compostaje influye también sobre el valor agronómico del compost dado que dicho proceso consta de dos fases (compostaje y maduración). La primera de ellas, durante la cual se produce una fuerte mineralización de la materia orgánica, tiene gran influencia sobre algunos parámetros incidentes en el valor agronómico del compost. Lo primero que se observa cuando una masa de residuos se somete a un proceso de compostaje es una pérdida de peso con valores muy variados (desde el 12% hasta valores superiores al 50%) dependiendo de la biodegradabilidad de los materiales que se compostan y de su porosidad. Durante el proceso de compostaje se produce un aumento del porcentaje de cenizas y con él, el de todos los elementos contenidos en la fracción mineral, tales como fósforo, calcio, magnesio, sodio y metales pesados. Asimismo, aumenta la capacidad de intercambio catiónico, lo que indica que la materia orgánica restante cuenta con un mayor número de grupos funcionales que la que existía en un principio. Este aumento de macronutrientes y de la capacidad de cambio puede considerarse un hecho positivo, obteniéndose con el compostaje un producto, compost, con mayor poder fertilizante y capacidad de retener iones. Además disminuye el porcentaje de carbono, puesto que la mineralización conlleva la desaparición de las formas más lábiles de éste; si bien la materia orgánica que queda es más policondensada y, por tanto, más favorable desde el punto de vista de formación de humus. En contrapartida, el proceso de compostaje provoca el aumento de la salinidad del material, como se refleja en los valores de la conductividad eléctrica de sus extractos.

La concentración de nitrógeno, al contrario de lo que sucede con otros macronutrientes como fósforo y potasio, no aumenta con el proceso, sino que disminuye en algunos casos. Una pequeña parte de él es inorgánico, encontrándose inicialmente en forma de amonio; va desapareciendo conforme avanza el proceso de compostaje, quedando al final del mismo valores muy bajos. El nitrógeno nítrico se comporta de manera inversa dado que prácticamente no existe al comienzo detectándose al final del proceso, quizás como consecuencia de la mineralización del nitrógeno orgánico, pasando a amonio y oxidándose a nitrato.

Todos estos cambios se llevan a cabo especialmente en la fase de compostaje. La fase de maduración prácticamente no tiene incidencia sobre la mayoría de ellos, puesto que la actividad de los microorganismos es mínima y la pérdida de peso por mineralización es pequeña. Esta fase, en cambio, contribuye a obtener una materia orgánica más humificada, que no se perderá en gran medida al aplicarla al suelo.

1.3. Aspecto biológico.

La adición de compost al suelo favorece la coexistencia en el mismo de diversas especies de microorganismos; si se utilizasen exclusivamente fertilizantes químicos se favorecería sólo la proliferación de especies muy determinadas. El aporte de compost al suelo hace aumentar de forma espectacular la microflora del mismo. El aumento de microorganismos, enzimas y metabolitos microbianos que lleva consigo la incorporación de compost, puede favorecer la estimulación de sustancias de acción fitohormonal por parte de los microorganismos del suelo (Greene, 1980). Estrechamente ligada a la microflora está la producción de sustancias biológicas activas, que pueden influir en el desarrollo de las plantas (vitaminas, hormonas, antibióticos, aminoácidos, etc.).

Un factor extremadamente importante para la fertilidad del suelo es la población microbiana existente, responsable de la eficacia de los ciclos biológicos (C, N, P, etc.) de los cuales depende la mineralización de toda la materia de la que provienen los elementos esenciales para la vida y el desarrollo de las plantas. Particularmente importante es la actividad de los microorganismos en la rizosfera, donde los productos excretados por las raíces determinan una concentración microbiana claramente superior a la del suelo alejado de la raíz.

Por lo que respecta a la fertilidad biológica, los residuos que contienen cantidades altas de nitrógeno y fósforo son muy mineralizables por los microorganismos; en este sentido, todos los microorganismos existentes en el compost desempeñan un papel importante en la mineralización de la materia orgánica, favoreciendo la movilidad de otros micronutrientes y macronutrientes.

Conviene indicar que diversos grupos de mesofauna desempeñan un importante papel en la transformación de los residuos y en su incorporación al suelo. En primer lugar, hay que destacar a los protozoos y rotíferos existentes en el compost y los nematodos y lombrices del suelo. Estas últimas favorecen la mezcla entre los residuos y el propio suelo. También es favorable la acción ejercida por nematodos, rotíferos y protozoos en lo que se refiere a la eliminación de grandes cantidades de bacterias; la disminución del número de bacterias es importante en muchos casos, porque el crecimiento incontrolado conduce al bloqueo de poros del suelo, llevándolo a condiciones de anaerobiosis, obstaculizando con ello el desarrollo de la microfauna y mesofauna.

2. FACTORES LIMITANTES EN LA APLICACIÓN DE COMPOST: RIESGOS.

El empleo de compost en agricultura, en especial cuando se aplican dosis masivas, puede crear problemas de muy diversa índole, pues hay que tener en cuenta que los residuos básicos que los forman (principalmente, residuos sólidos urbanos y lodos de estaciones depuradoras de aguas residuales) incorporan sustancias peligrosas. Conviene tener presente que no va a presentar los mismos problemas un compost que incorpore lodos de depuradora que otro que no lo haga; y lo mismo se puede decir sobre otros residuos que pueden formar parte de ellos. Incluso no supone los mismos riesgos el empleo de residuos sólidos urbanos o de lodos de depuradora de distinta localización o procedencia, pues pueden haber zonas industriales más o menos contaminantes, cuyos desechos o vertidos se incorporen a los residuos citados anteriormente. Al margen de todo esto, existen aspectos que en mayor o menor grado pueden limitar la utilización agrícola de los composts y esos son los que se van a tratar a continuación. Entre éstos se pueden considerar los siguientes (Costa et al., 1995):

2.1. Exceso de salinidad.

El compost, en especial el que incorpora residuos sólidos urbanos en su composición, si se emplea en dosis elevadas y reiteradamente, pueden contribuir a aumentar la salinidad de los suelos donde se utiliza, pues su contenido en cloruro y sodio suele tener cierta importancia. El origen de esta salinidad se puede encontrar en la cantidad de alimentos que han recibido sal de cocina, y que son vertidos a la basura. El lixiviado de los iones, cloruro y sodio por las aguas de lluvia, cuando el compost está apilado y dispone de un buen drenaje, puede contribuir a disminuir considerablemente este problema. Los lodos de depuradora tienen menos problemas desde este punto de vista, debido a que este residuo ha sufrido ya un lavado intenso durante su proceso en la planta de tratamiento. Cuando se ha tratado en la planta depuradora con floculantes, tales como el cloruro férrico, resultan inadecuados incluirlos en el compostaje, dado que pueden resultar perjudiciales si se aplican a cultivos sensibles a los cloruros. El exceso de salinidad puede influir negativamente en la capacidad de germinación de las semillas y en el crecimiento de las plantas. Además, puede provocar un empeoramiento de la estructura del suelo.

2.2. Exceso de nutrientes.

Normalmente, no suele presentar el compost este tipo de problemas; sólo en el caso de que el lodo de depuradora esté incluido en él y que el proceso de compostaje y maduración a que se ha sometido no haya sido el adecuado, se puede dar algún riesgo de este tipo. El contenido en materia orgánica del compost no supone peligro alguno, pues ésta es indispensable para la producción agrícola de un suelo en cantidades que oscilan entre el 1% y el 5% y con las proporciones de compost que se agregan habitualmente al mismo no se llegan a superar estos límites. Si el compost se añadiese en estado de inmadurez, en el que la cantidad de materia orgánica es mayor, la mineralización sería más rápida por ser inestable y, por tanto, tampoco supondría un aumento excesivo de la misma.

El potasio tampoco debería crear ningún problema de toxicidad, puesto que para ello sería necesario emplear cantidades altísimas de compost, que tuviese a su vez elevadas concentraciones de potasio asimilable. El nitrógeno es el nutriente que más problemas podría originar, en especial si el compost lleva incorporados lodos de depuradora, cuyo contenido en dicho nutriente puede llegar a ser bastante alto (0,6-6%). El problema con este nutriente se refiere a la posible lixiviación cuando está en forma de nitratos y la consiguiente contaminación de las aguas subterráneas. Hay que tener en cuenta que si bien la forma nitrato es la más móvil, también es la más disponible para la planta, por lo que muchos problemas se pueden evitar añadiendo el compost en períodos que se correspondan con las necesidades fisiológicas de las plantas y, sobre todo, en terrenos que sean poco permeables para que no exista migración de nitratos a lo largo del perfil del suelo. Asimismo, el empleo de residuos poco compostados en los que puede existir una alta proporción de volatilización de nitrógeno como amonio, puede originar problemas de fitotoxicidad sobre la germinación de semillas (Findenegg, 1987).

En lo que respecta al fósforo, cuando su contenido en el compost sea elevado en función de los residuos que lo forman y teniendo en cuenta la tendencia del suelo a inmovilizarlo, su contenido puede aumentar en los horizontes superiores, pudiendo contribuir con ello a la eutrofización de las aguas superficiales.

El contenido en calcio es elevado, en especial en el compost de residuos sólidos urbanos, lo que permite su utilización para la regeneración de suelos afectados por sales. En suelos de este tipo con predominio del ión Na+ se produce su sustitución por el Ca2+, que forma compuestos más estables, lo que permite el lavado de Na+ en profundidad y disminuye notablemente la conductividad eléctrica de los horizontes superiores.

2.3. Contaminantes orgánicos.

El riesgo de que exista este tipo de productos en el compost dependerá en gran medida de los residuos de partida y de la presencia en ellos de desechos industriales peligrosos. Los problemas originados por algunos de estos productos tóxicos son de tal magnitud que se pone en duda si antes de admitir la inocuidad de un compost debería realizarse un test de planta para confirmar la no fitotoxicidad.

Dentro de los residuos sólidos urbanos, los sacos o botellas con restos de herbicidas que se arrojan en ellos pueden polucionar el compost, así como los desechos de productos farmacéuticos no utilizados. Estudios sobre este tipo de riesgos ponen de manifiesto que en el compost con residuos sólidos urbanos se detecta la presencia de compuestos de carbono policíclicos aromáticos, tales como benzoantraceno, criseno y benzofluorantreno; además, dichos compuestos tienen niveles cien veces superiores a los existentes en un estiércol de caballo; pero también ponen en evidencia que estos productos no penetran en cultivos de champiñones cultivados sobre compost y lo hacen muy poco en raíces de zanahorias; en cambio, las partes aéreas de estas últimas reciben por contaminación atmosférica cantidades de carburos policíclicos muy superiores a las absorbidas por las raíces.

Trabajos realizados por García (1990) sobre compost de residuos sólidos urbanos y compost de lodos de depuradora indicaron que estos últimos contienen una mayor cantidad de compuestos fenólicos, ácidos orgánicos de bajo peso molecular (ácido acético, propiónico, butírico e isobutírico) y lípidos totales que los primeros: asimismo, se puso de manifiesto que el proceso de compostaje, siempre que se realice de forma adecuada, disminuye drásticamente el valor de los ácidos orgánicos y en especial el de los compuestos fenólicos con valores por debajo del 0,10%. En cuanto a los lípidos, los hidrocarburos saturados se ven reducidos con el proceso, en particular los de elevado peso molecular; esto no sucede con los ftalatos, que siguen apareciendo incluso en el compost maduro.

Todo esto viene a confirmar que, si bien el proceso de compostaje no elimina totalmente la fitotoxicidad producida por los compuestos orgánicos, la reduce considerablemente.

En general, se concluye que después de la aplicación de los residuos al suelo, los constituyentes orgánicos se movilizan por procesos físicos, químicos y biológicos; los cambios incluyen volatilización, fotodescomposición, descomposición microbiana, adsorción, lixiviación hacia aguas subterráneas y asimilación por las plantas. De todos estos posibles caminos, los dos últimos son los más perjudiciales desde el punto de vista de la contaminación y deben ser evitados. Un proceso de compostaje adecuado puede ayudar en buena medida a ello.


 2.4. Microorganismos patógenos.

El compost que se obtiene después de un buen proceso biooxidativo, completado con una fase de maduración, debe de estar prácticamente exento de organismos patógenos, pues, la gran mayoría de ellos no llegan a resistir los 60-70ºC que se suelen alcanzar durante el proceso de compostaje. De tal forma que en un compostaje realizado con pilas al aire, son imprescindibles, los volteos, ya que hay que conseguir que la temperatura necesaria para destruir patógenos se alcance en la totalidad de la masa puesta a compostar. Si existiesen problemas de compactación o de mala aireación y no se pudiesen destruir la totalidad de los patógenos, convendría que este producto sufriese una fase de termogénesis antes de emplearse en agricultura.

De los diferentes residuos que se utilizan para formar el compost, los residuos vegetales son los que contienen menor número de organismos patógenos y además es poco probable que resistan las temperaturas que se alcanzan durante el compostaje. Los patógenos más numerosos y peligrosos se encuentran en los lodos de depuradora. Su cantidad depende de las condiciones generales de la población, ya que casi la totalidad de patógenos proceden de aguas residuales urbanas y, del proceso de estabilización que haya sufrido el lodo en la estación depuradora. La mayoría de los patógenos (sobre el 90%) son destruidos durante la fase de estabilización.

Existe una gran cantidad de patógenos y lo que parece excesivamente complicado es realizar un análisis completo en este sentido de cualquier residuo. Por ello, suelen emplearse como organismo índice la especie Escherichia coli o las bacterias coliformes, dada su gran difusión y presencia en aguas de alcantarillado. Sin embargo, no faltan detractores de este tipo de análisis sobre organismos índice, pues ha de tenerse en cuenta que los virus, si bien son poco numerosos, su peligrosidad es muy alta; además, a pesar de que la correlación entre las bacterias coliformes y las patógenas totales es alta en aguas, poco se sabe a este respecto sobre su presencia en los residuos.

La capacidad de supervivencia de los patógenos en el suelo y en las plantas se considera fundamental desde el punto de vista de la aplicación agrícola de los residuos. La supervivencia en el suelo es muy variable y va desde pocos días (como los quistes de protozoos) a varios años (como los huevos de Ascaris lumbricoides).

Conviene indicar que los patógenos en el suelo pueden resistir más en ausencia de radiaciones solares, temperaturas bajas y contenidos elevados de agua. Los virus y la mayor parte de los parásitos no se multiplican, sino que resisten en condiciones adversas. El movimiento vertical y horizontal de los patógenos en el suelo es muy reducido. En EE.UU. la Environmental Protection Agency realizó una armonización entre las diferentes normativas estatales para eliminar o reducir los patógenos, destacando las siguientes técnicas de tratamiento: pasteurización a diferentes temperaturas (su eficacia es relativa), desinfección química mediante encalado (elevando el pH a 12, pero no se consiguen eliminar las formas esporuladas de parásitos y los huevos, especialmente los de áscaris; además, su efecto es temporal), irradiación mediante fuentes de energía variada. Por último, está el proceso de compostaje, que permite obtener un producto relativamente desinfectado como resultado de los procesos termofílicos que se producen durante la biooxidación (Parr et al., 1978).

2.5. Presencia de materiales inertes y olor.

Una de las críticas más habituales por parte de los agricultores en contra del empleo agrícola del compost, y muy en particular cuando los residuos sólidos urbanos forman parte de él, es la presencia de materiales inertes, como trozos de vidrio, plásticos y metales, etc. Entre las diversas razones que se esgrimen en contra de estos productos por su contenido en inertes se pueden citar, las siguientes:

- Dilución de la fracción agronómica interesante del compost (materia orgánica degradable, elementos fertilizantes) por parte de los materiales inertes, los cuales no tienen ninguna acción beneficiosa y su transporte supone un gasto inútil.
- Deterioro de los instrumentos agrícolas: como ejemplo, la rotura de dientes de aparatos por enrollamiento con plásticos o por trozos de vidrio o metales.
- Riesgos de producir heridas en los agricultores que manipulan los productos, producidos por trozos de vidrio, jeringuillas, agentes metálicos cortantes, etc.
- Aspecto estético desagradable, con la consiguiente degradación del medio ambiente. Objetos insólitos, materiales plásticos de colores vivos y demás objetos contribuyen fuertemente a esta contaminación estética, a la cual son bastante sensibles los agricultores, cada vez más concienciados por las campañas antipolución y ecologistas.

A pesar de todo esto, no se debe ver en la presencia de los materiales inertes un aspecto negativo como tal dado que le confieren al compost una estructura apta para hacer de soporte de cultivos, ofreciendo una buena porosidad.

Cuando el proceso de compostaje no ha sido el adecuado puede surgir el problema del olor, lo que contribuye al rechazo por parte de los agricultores para emplear el compost sin ningún tipo de reservas.

2.6. Metales pesados.

Un factor muy a tener en cuenta y que puede limitar el uso del compost, desde el punto de vista agrícola, es su contenido en metales pesados (Costa et al., 1995). El grado de peligrosidad de los metales pesados va ligado a dos propiedades fundamentales que son su toxicidad y su persistencia. Además, hay que añadir la capacidad que posee la planta para absorber cualquiera de estos elementos. Tampoco se deben de obviar los efectos sinérgicos y antagónicos que un elemento puede presentar frente a otros. La suma de todos estos factores resulta fundamental a la hora de evaluar el grado de toxicidad de los metales pesados en el suelo, junto con las características del suelo, como pH o contenido en arcillas.

Actualmente, el problema de los metales pesados en el suelo y su aporte por los residuos sólidos urbanos que se añaden a él acaparan la atención de numerosos investigadores, debido a su fuerte impacto sobre el medio ambiente, por el efecto a largo plazo sobre los eslabones más expuestos de la cadena alimentaria, incluido el hombre, y por las graves y difíciles implicaciones que comporta el intentar remediar la contaminación que provocan. Las cantidades de metales pesados en el compost varían en función de los residuos que forman parte de él. El origen de ellos en los residuos sólidos urbanos hay que buscarlo, por ejemplo, en la eliminación de pilas usadas. Más difíciles de explicar son los contenidos en Cd, Ni y Cr que pueden proceder de botes metálicos, de ciertas pinturas y tintes utilizados en los marcajes de cartones, papeles y materiales plásticos, y, sobre todo, aditivos de polimerización empleados en la fabricación de plásticos.

La existencia de esta contaminación por elementos metálicos hay que tenerla en cuenta cuando se emplean dosis masivas de compost, puesto que existen una serie de cultivos, como la lechuga y el tomate, que tienen tendencia a acumular metales pesados. Parece ser que de los metales que poseen los residuos sólidos urbanos, sólo el Zn, Mn y B están dotados de cierta movilidad; sin embargo, se debe advertir que en algunos composts con alto contenido en Cd, este elemento puede pasar a la parte vegetativa de la planta, como ocurre en el caso del maíz. Debe hacerse una mención especial al Hg ya que tiene tendencia a concentrarse mucho en algunos cultivos, como el champiñón. Los contenidos de metales pesados en el compost que incorpora residuos sólidos urbanos y lodos de depuradora varían bastante dependiendo de las regiones de procedencia de dichos residuos, pues dichos contenidos estarán estrechamente ligados a las actividades industriales.

De entre los factores que regulan el paso de los metales pesados del suelo a la planta pueden destacarse, los siguientes: factores relativos al compost y factores relativos al propio suelo (Costa et al., 1995).

- Factores relativos al compost:

El conocimiento de las cantidades totales de metales pesados que contiene el compost permite apreciar los riesgos de acumulación de los mismos en el suelo y valorar sus peligros potenciales; pero el problema más importante estriba en la posibilidad de migración que tengan dichos metales en el suelo, así como su disponibilidad para las plantas. Generalmente, los metales se encuentran en concentraciones bajas si se considera la fracción hidrosoluble del compost, lo que significa que el peligro ligado a esta fase es más bien pequeño pero existe otra fracción de metales ligados a la parte sólida que podría estar disponible para las plantas. No se ha podido constatar de una forma general si ésta corresponde a la fracción más densa (inorgánica) o a la menos densa (orgánica). La fijación de los metales pesados por la fracción sólida del compost podría deberse a su materia orgánica, por medio de la formación de complejos o bien por la formación de compuestos minerales insolubles, como carbonatos, óxidos, etc.

El pH del compost también influye bastante en la movilidad de los metales; éstos tienen normalmente su valor que está comprendido entre 7 y 8, lo cual determinará una movilidad pequeña, a excepción de los anfóteros (Juste y Pommel, 1977). Además de los contenidos totales de metales pesados interesa conocer otras fracciones de ellos. Los metales que se extraen con agentes quelantes (DTPA, EDTA, etc.) son muy estudiados ya que dan una idea de la cantidad de metal que puede estar en disposición de ser asimilado por las plantas (fracción potencialmente asimilable); asimismo es importante conocer las fracciones que se extraen con una sal neutra (CaCl2, NH4Cl, etc.) ya que indican la fracción de cambio, y, por supuesto, también es interesante estudiar la fracción soluble en agua. Estas dos últimas fracciones son las que pueden absorber las plantas de una forma más inmediata.

- Factores del suelo:

La fase sólida del suelo puede retener a los metales pesados aportados por el compost, en base a los siguientes mecanismos (Costa et al., 1995):

- Intercambio de cationes entre la fase líquida y sólida.

Cuanto mayor sea la capacidad catiónica del suelo, mayor será la inmovilización que se ejerza sobre los metales. Esta capacidad de cambio catiónico depende de la cantidad y tipos de materia orgánica y de arcilla que posea dicho suelo.

- pH del suelo.

Cuanto menor sea el pH del suelo, mayor será el riesgo de paso de metales tóxicos a la solución. En 1919, Lindsay comprobó que una unidad de incremento en el pH hace descender cien veces los niveles de Cd, Cu, Ni y Zn en la solución del suelo. Las condiciones redox y el pH intervienen sobre la estabilidad química de los compuestos que fijan los metales pesados, y en consecuencia sobre su solubilidad. La movilidad de los elementos metálicos es muy variable, depende del estado de saturación y aumenta con el carácter reductor del suelo.

- Efectos sinérgicos.

Debido a ellos, dos elementos pueden producir efectos superiores a los que se obtendrían sumando separadamente las acciones de ambos. También pueden producirse efectos antagónicos que, orientados de manera adecuada, pueden resultar útiles para limitar los riesgos originados por la presencia de ciertos elementos en el compost. Así, por ejemplo, el problema de la contaminación por Cd puede ser regulado con el Zn, haciendo que la relación Zn/Cd sea elevada, ya que la toxicidad del Cd disminuye en presencia del Zn (Chaney, 1977).

Los metales pesados pueden ejercer diversos efectos, en primer lugar, de forma directa sobre las diferentes partes de una planta y posteriormente pueden llegar a afectar incluso a toda la cadena trófica (Costa et al., 1995).

- Efectos de los metales pesados sobre las plantas.

Los metales pesados contenidos en el compost pueden ser absorbidos por las plantas, y esto depende en gran medida de la naturaleza del vegetal y de su sensibilidad, pudiéndose establecer, según Spotswood y Paymer (1973), la siguiente secuencia: leguminosas>remolacha>manzano>cereales. Además, la acumulación de los metales se puede producir en las raíces, hojas, tallos, frutos, etc. y los problemas que surgen son muy variados. La edad de la planta también es un factor a tener en cuenta a la hora del estudio de la asimilación de los metales pesados. Los metales pesados que pueden ser más problemáticos son Cd, Ni (cuya concentración en lodos puede llegar a ser elevada), Cu y Zn (que tienden a acumularse en los tejidos vegetales cuando existen en gran proporción). Los elementos pesados tienen un efecto más o menos directo sobre el metabolismo de los vegetales ya que pueden causar el cierre de los estomas e inhibir la transpiración y también pueden estar asociados a fenómenos de marchitamiento y turgencia. Los metales pesados inhiben la fotosíntesis, no sólo por el cierre estomático, sino por los daños que causan en los cloroplastos. Otro de los síntomas de toxicidad inducida por metales pesados es la clorosis. La reducción de la actividad fosfatásica y la interferencia con la respiración mitocondrial parecen ser las causas más frecuentes de la disminución del crecimiento de la planta debida a metales pesados. Para pequeñas dosis de metales se ha comprobado una acción positiva sobre el crecimiento atribuida a los efectos de alosterismo enzimático o al bloqueo de algunos inhibidores.

- Efectos de los metales pesados sobre la cadena trófica.

En la cadena alimentaria pueden entrar metales pesados procedentes de las plantas; los elementos más representativos son Cd, Cu y raramente Zn. Los animales más sensibles sufren toxicidad por Zn si la dieta contiene entre 500 y 1.000 p.p.m. de este metal como sulfato. Las plantas que contienen alrededor de 1.000 p.p.m. de Zn poseen un tamaño tan reducido que, no resultan rentables económicamente, y la parte comestible para el animal no contiene cantidades nocivas de metales pesados (Chaney, 1977).

Frecuentemente el Cu daña los cultivos antes de que su contenido en la planta llegue a ser tóxico para los animales. El ganado ovino es muy sensible a este metal, por lo que no se debe emplear compost rico en este elemento para cultivos que se vayan a destinar a pastos.

Los elementos que pueden considerarse nocivos para las plantas, los animales y el hombre son: As, B, Cd, Hg, Mo, Ni, Pb, Se y Zn. De éstos, el Cd posee una toxicidad muy elevada, por lo que es uno de los elementos más a tener en cuenta a la hora de aplicar productos con altos contenidos en este metal. Cd, Cu, Ni, Zn y Mo pueden acumularse en las plantas ocasionando problemas en la cadena alimentaria: altos contenidos en Cu, Ni y Zn pueden provocar toxicidad; B, Mo y As son peligrosos para las plantas y para la salud de los animales; Hg y Pb no suelen presentar problemas, puesto que sus formas minerales en el suelo son relativamente insolubles; se suelen acumular si pasan a la planta, en raíces, y sus concentraciones en ellas no son peligrosas para los animales. La planta extrae Cd, Cu, Ni y Zn en forma de cationes, mientras que Mo, B, As y Se se asimilan como aniones.

2.7. Inmadurez del compost.

De todos los riesgos comentados anteriormente, tal vez el que mayores efectos negativos puede producir frente a la utilización agrícola de estos productos es su uso antes de haber alcanzado un adecuado grado de madurez. Este hecho es, sin duda, el causante de la mayor parte de los efectos depresivos que se producen en las cosechas.

El uso de compost inmaduro como enmienda orgánica de suelos puede tener las siguientes consecuencias:

- Provoca una disminución de la concentración de oxígeno en las raíces.
- Produce una elevación de la temperatura en el medio, que puede llegar a valores incompatibles con el desarrollo normal de las plantas.
- En el caso de emplear un producto con alta relación C/N, puede producirse lo que se conoce como “hambre de nitrógeno”.
- Permite la acumulación de ácidos orgánicos de bajo peso molecular y de otros metabolitos orgánicos considerados como sustancias fitotóxicas.
- Asimismo, puede que no se haya conseguido destruir en gran medida los organismos patógenos.

3. CALIDAD DEL COMPOST PARA SU APLICACIÓN AL SUELO.

Siempre resulta difícil definir la calidad de un compost porque ésta va a estar directamente relacionada con la aptitud del mismo para ser utilizado. Además, las características finales del producto están muy influenciadas por las materias primas de que se trate y, sobre todo, por la finalidad que se le vaya a dar al compost.

La calidad del compost viene determinada por la suma de distintas propiedades y características. En cualquier caso, se puede hablar de:

- Calidad física: granulometría, capacidad de retención de agua, humedad, presencia de partículas extrañas y olor, entre otros.
- Calidad química: contenido y estabilidad de la materia orgánica, contenido y velocidad de mineralización de los nutrientes vegetales que contenga y, presencia de contaminantes inorgánicos u orgánicos.
- Calidad biológica: presencia de semillas de malas hierbas y patógenos primarios y secundarios.

Dentro de estos niveles de calidad también deberán establecerse distintas exigencias según el mercado al que vaya destinado pero siempre habrá unos mínimos de calidad de obligado cumplimiento para cualquier aplicación. Por tanto, resulta necesario definir unos criterios generales de calidad del compost y establecer unos parámetros diferenciados para usos diversos, sin que esto signifique que dependiendo del destino final del producto se puedan sobrepasar los niveles máximos de contaminantes permitidos.

La finalidad de crear una normativa sobre calidad del compost debe ir mucho más allá que el evitar una excesiva contaminación del suelo. El término “excesiva” es subjetivo, y no considera el compost como un producto que aporta una serie de efectos beneficiosos al suelo y a los cultivos. Existen normativas, como la austriaca, que se preocupa de que el compost produzca beneficios a los cultivos; otras, como la danesa, que pretenden proteger al suelo de una aplicación excesiva de nutrientes y otras, como la española actual, que se ciñe simplemente a evitar la contaminación excesiva por metales pesados. Estas normativas deberían plantearse para alcanzar la conciliación entre, por una parte, los objetivos de tratamiento y gestión y, por otra, los de producción y calidad, e intereses de productores y usuarios junto con intereses del medio ambiente, en general, y de la sociedad, en particular.

La calidad de un compost obtenido a partir de residuos urbanos está influenciada por dos factores:

- La separación de materiales no deseables, es decir, aquellos cuya degradación biológica es difícil, como plásticos, vidrio, etc., o bien los que puedan aportar materiales tóxicos, como metales pesados y productos químicos, etc. cuya asimilación por parte del cultivo receptor representa un riesgo potencial para la salud.
- La granulometría final del producto vendrá determinada por el proceso de homogenización y fermentación de los residuos, para lo que existen distintas opciones entre las tecnologías existentes.

En la figura 1 se representan de forma esquemática los usos posibles a los que se puede destinar el compost en función de su calidad para su aplicación como fertilizante o enmienda orgánica de suelos.

Figura 1. Posibilidades de aplicación del compost al suelo en función de su calidad (Soliva Torrentó, 2002).


4. BIBIOGRAFÍA.

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jueves, 9 de octubre de 2014

Asociación Rhizobium-Leguminosas para fijar Nitrógeno. Ventajas

Resumen:
            La producción agrícola basada en leguminosas es fundamental para la alimentación humana, especialmente si es en equilibrio con el ambiente. Por ello la interacción natural de estas plantas con una bacteria del suelo a nivel de la raíz, es ecológicamente importante, como medida para evitar el uso excesivo de fertilizantes nitrogenados que deterioran el suelo y contaminan el ambiente.
            El objetivo de esta revisión es analizar brevemente parte de la información sobre el potencial de la bacteria del género Rhizobium para fijar N2, en simbiosis con leguminosas, para emplearse en la producción sustentable de esta planta.
          Esta bacteria del suelo pertenece a la familia Rhizobiacea con tres géneros Rhizobium, Bradyrhizobuim y Azorhizobium, clasificados según su capacidad para nodular leguminosa, divididas en tres subfamilias Caesalpinoidea, Mimosoidea y la Papilionoidea en cada una el patrón de la nodulación es diferente. La fijación biológica del N2, solo se observa cuando la bacteria reconoce a su hospedero, lo infecta a través de los pelos radicales para que en la matriz de las células corticales induzca una meiosis y mitosis acelerada que da lugar a un tejido hipetrofiado: El nódulo en el sistema radical de la leguminosa para entonces Rhizobium ha perdido su pared celular y se ha transformado en un bacteroide, mientras que por la enzima llamada nitrogenasa fija el N2 y lo convierte en amonio, que luego transfiere al ribosoma vegetal para la síntesis de proteínas vegetales; simultáneamente por la fotosíntesis la leguminosa reduce el C02 en carbohidratos que servirán como fuente de carbono y energía para Rhizobium, y con ella al aumentar la reserva de la glucosa mantenerlo activo en el nódulo hasta cubrir las necesidades de N de la planta. Por tanto el uso de inoculantes a base de Rhizobium que reducen la aplicación de fertilizantes químicos al suelo; incrementan el contenido de N en el cultivo vegetal, su peso seco y mantienen el rendimiento en las leguminosas, lo que en consecuencia al bajar su costo de producción y la contaminación de mantos acuíferos y suelos, es vital para una agricultura sustentable.
 Palabras clave: leguminosas, nódulos, fijación biológica del nitrógeno, inoculante. I. Introducción y

Antecedentes:
Las leguminosas en México forman parte fundamental de la dieta de sus habitantes, a pesar de que un alto por ciento de los suelos mexicanos son pobres en nutrientes esenciales (Coronado et al., 1995), como el nitrógeno (N), necesario para la síntesis de proteínas y clorofila, por ello se requiere aplicar fertilizante nitrogenado. En general la reserva de N en la naturaleza como N2 es del 70%, aunque las plantas solo lo absorben y asimilan como amonio y/o nitratos, de ahí la necesidad de usar esta clase fertilizantes químicos (Alexander, 1980), los que aplicados irracionalmente, tienen un elevado costo, una acción desgastadora del suelo y contaminan el ambiente. Lo anterior obliga a buscar alternativas de solución que reduzcan su uso, pero que mantengan el rendimiento del cultivo vegetal. Se considera que la fijación biológica del nitrógeno (FBN) es una de las alternativas mas viables para recuperar N en el ecosistema (Kimball, 1980), se ha estimado que 175 millones de toneladas/año se fijan biológicamente, del cual el 70% va al suelo (Burity et al., 1989) y de éste, el 50% proviene de asociaciones nodulares como las causadas por Rhizobium (Carrera et al., 2004; Long, 1989). La FBN es una ventaja para las leguminosas ya que pueden tomar nitrógeno del aire a través de la simbiosis con Rhizobium (Luna y Sánchez-Yáñez, 1991; Sanaratne et al., 1987). Esta es una manera de reducir la cantidad del N derivado de fertilizantes al incrementar la proporción de N2 fijado vía Rhizobium. Por eso se asegura el máximo beneficio de la asociación mediante el establecimiento de una bacteria que reúna cualidades de competencia y efectividad para fijar N2 en las raíces de la leguminosa.
            En los suelos agrícolas la asociación Rhizobium-leguminosa es la más importante fuente de N, pues se ha reportado que en las leguminosas noduladas, bajo determinadas condiciones ambientales (suelos pobres en este elemento), pueden fijar hasta los 100 kg N2/Ha/año (FAO, 1995). Este mecanismo provee la demanda del N para satisfacer las necesidades nutricionales más importantes de la planta.
            El propósito de está revisión es proporcionar información esencial sobre la asociación Rhizobium-leguminosa y su potencial como inoculante en producción agrícola, en un marco del uso razonable de los recursos naturales sin daño ambiental.

 Fijación biológica del nitrógeno.
            La FBN es un proceso exclusivo de algunos procariotes para usar el N2 del aire y reducirlo a amoniaco con la enzima nitrogenasa, (Kimball, 1980) para la síntesis de proteínas. De acuerdo con el mecanismo bioquímico para obtener la energía que les permita fijar el N2 existen bacterias fotoautotróficas, quimiolitotroficas y heterotroficas de vida libre e el suelo, asociados o en simbiosis en las hojas y/o raíces de plantas. El ejemplo más conocido e investigado incluso a nivel molecular (Vanderleyden y Pieternel, 1995), es la relación entre las leguminosas y Rhizobium. Aunque los dos simbiotes pueden supervivir independientemente, solo cuando la bacteria coexiste íntimamente con la leguminosa se da la fijación del N2 (Sandowsky et al., 1995).
            Potencial de la asociación rhizobium-leguminosa Bajo condiciones favorables: leguminosas como haba y chícharo pueden utilizar el 80-90% de sus requerimientos de nitrógeno a través de la fijación simbiótica, mientras que la soya obtiene del 40 al 60% (Sánchez-Yáñez, 1997). En experimentos realizados con R leguminosarum en haba, lenteja y soya se incrementó significativamente la nodulación, el peso seco de las leguminosas, su contenido en nitrógeno y su rendimiento (Carrera et al., 2004).
Los simbiotes:
 La bacteria Rhizobium es un bacilo corto algunas veces pleomorfico, Gram negativo, aerobio, no forma espora, móvil por flagelos perítricos o un solo flagelo lateral (FAO, 1995). Pertenece a la familia Rhizobiacea, este es un género heterótrofo, común en el suelo, su temperatura óptima de crecimiento en condiciones artificiales es de 25oC y su tolerancia al pH entra de 5 a 8. La base para su clasificación es su capacidad para nodular con leguminosas específicas como la presenta en la tabla 1 (Kimball, 1980). El nódulo es una hipertrofia de la raíz, un organo especializado donde se realiza la fijación del N2 (Sanaratne et al., 1987). Existen tres géneros de esta familia: Rhizobium, Bradyrhizobium (Badar y Moawad, 1991) y Azospirillum (Burity et al., 1989) de clara diversidad genética entre sí, por ello es bien conocido que los tres géneros están lejanamente relacionados (Vanderleyden y Pieternel, 1995).
             Las leguminosas son angiospermas del phyllum Rosaseae y se clasifican en las subfamilias: Mimosoidea, Caesalpinoidea y Papilionoidea (Long, 1989), esta es una familia diversificada que incluye árboles, arbustos, plantas herbáceas y cultivadas para el consumo humano, la ganadería y la industrial (maderas, aceites), etc. Otras especies no cultivadas son importantes en la naturaleza, pero solo 20 especies de la familia Papilionoideae son de consumo humano. En las familias existen géneros que forman nódulos, pero el porcentaje de nodulación es diferente y dependiente de sus características genéticas, ya que el genotipo de la planta en las raíces, restringen la nodulación (Thies et al., 1992).

Simbiosis rhizobium-leguminosa
            El establecimiento de la simbiosis para atrapar el N2 entre Rhizobium y la leguminosa es un proceso complejo, donde la formación de nódulos la captación del N2 se da en etapas sucesivas. Rhizobium induce en la leguminosa el desarrollo de nódulos en su raíz, los dos organismos establecen una cooperación metabólica, las bacterias reducen N2 a amonio (NH4), el cual exportan al tejido vegetal para su asimilación en proteínas y otros compuestos nitrogenados complejos, las hojas reducen el C02 en azúcares durante la fotosíntesis y lo transportan a la raíz donde los bacteroides de Rhizobium lo usan como fuente de energía para proveer ATP al proceso de inmovilizar N2.
             La asociación se inicia con el proceso de infección, cuando las bacterias son estimuladas por los exudados radicales y proliferan lo que induce un alargamiento y curveado de los pelos radicales y posterior formación de una estructura tubular llamada cordón de infección (Long, 1989). Este se desarrolla en el interior del punto de adhesión a la bacteria y forma un canal en en interior del pelo. Rhizobium es conducido a través del cordón hasta la base del pelo (Burity et al., 1989). El cordón de infección atraviesa la pared de la célula cortical adyacente, ahí al perder la pared celular, se establece Rhizobium; después se engloba por la membrana plasmática del hospedero, lo que resulta en la formación del nódulo. Las bacterias y las células de la corteza radical se diferencian y comienza la fijación simbiótica del N2 y el intercambio metabólico fijado el N2, se transporta rápidamente del nódulo al resto de la planta. La reducción de N2 molecular a amonio, se lleva a cabo por la nitrogenas, que requiere ATP y de la leghemoglobina, una proteína globular cuya función es atrapar el oxígeno para facilitar el trabajo de la nitrogenasa, además de transferir 02 y estimular la oxidación de la reserva del carbono, cubrir el alto gasto de energía que Rhizobium requiere para incorporar el N2. La leghemoglobina es codificada por un gen de la leguminosa, esta proteína se localiza en el nódulo fuera de la bacteria y es distinta para cada tipo de Rhizobium como se ilustra en la figura.

Inoculación
             A pesar de que Rhizobium es un habitante común en los suelos agrícolas, frecuentemente su población es insuficiente para alcanzar una relación benéfica con la leguminosa, o bien cuando los rhizobios nativos no fijan cantidades suficientes de N2 para las leguminosas es necesario inocular la semilla a la siembra y asegurar la fijación biológica del N2. La utilización de un Rhizobium infectivo (capacidad de nodular) y efectivo (eficiencia para la fijación del N2) en la leguminosa, implica determinar la necesidad de inoculación. Para ello se corrobora la existencia del tipo de Rhizobium nativo en el suelo, su eficiencia para fijar N2, la concentración de N del suelo y si la leguminosa elegida se siembra con frecuencia en la región para mantener su rendimiento. Lo ideal es seleccionar un Rhizobium altamente infectivo y efectivo para lograr una disminución máxima del fertilizante nitrogenado sin decremento en el rendimiento de la leguminosa.
             En general, la inoculación se puede recomendar para una zona agrícola que se sembrará con una nueva especie de leguminosa. Para controlar la calidad de un inoculante de una leguminosa específica, es necesario mantener un número de Rhizobium de aproximadamente 106 bacterias/g de inoculante (FAO, 1995) y determinar si es específico para la leguminosa a prueba. Así, un producto microbiano o inoculante, debe por lo menos mantener la productividad de un cultivo agrícola con menos dosis de fertilizante nitrogenado y con ello un ahorro en el costo de producción, minimizar la contaminación de aguas superficiales y mantos acuíferos y por supuesto la conservación del suelo, en un esquema de producción sustentable. Existen varios tipos de inoculantes, pero el más común es un soporte a base de turba impregnada con un cultivo bacteriano. A pesar de que desde 1880 los inoculantes han sido comercializados, como un producto biológico requiere de un riguroso control de calidad de tipo microbiológico que garantice el éxito esperado con la leguminosa seleccionada. Ya que un manejo inadecuado en su producción y aplicacón , debido a una deficiente preparación a nivel de laboratorio, manejo, almacenamiento, comercialización y aplicación del inoculante por parte de los fabricantes, comerciantes y agricultores y una incompatibilidad del tipo de Rhizobium comercial y la leguminosa seleccionada trae en consecuencia una baja efectividad al aplicarse en la leguminosa(Sánchez-Yáñez, 1997).
           Para mejorar el rendimiento de soya y otras leguminosas, ha sido necesario seleccionar un nativo altamente infectivo y efectivo y ademas agregar pequeñas cantidades de fertilizante nitrogenado, aproximadamente 20 kg N/Ha, lo cual estimula la nodulación, para alcanzar hasta un 70-75% de nitrógeno fijado proveniente de la atmósfera (Thies et al., 1992); este fenómeno depende de la interacción entre los genotipos del hospedero y el tipo de Rhizobium, mientras que con altas concentraciones de fertilizante nitrogenado, se inhiben la fijación simbiótica del nitrógeno.        Condiciones adversas para la infección y la actividad bacteriana, como concentraciones elevadas de N, metales pesados y antagonismo microbiano nativo del suelo no de se pretende aplicar.

Conclusión
             La capacidad fijadora de N2 de Rhizobium en asociación con las leguminosas es importante en los sistemas agrícolas de producción y especialmente en la rotación de cultivos, por lo cual es conveniente favorecer su aplicación generalizada, ya que la inoculación es una opción natural, que no contamina el ambiente y favorece la conservación del suelo. Por tanto el manejo adecuado de la tecnología de inoculantes a base de Rhizobium puede, por lo menos asegurar el rendimiento de las leguminosas de manera ecológica.

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 Valores promedio de Nitrógeno fijado biológicamente por leguminosas en el mundo.

 Taxonomía y diversidad de bacterias simbióticas fijadoras de N2 relacionado con leguminosas.

  Dinámica de formación de un nódulo en la raíz en una leguminosa causado por Rhizobium.


  1. Rhizobium libre.
  2. Rhizobium atraído por el pelo radical.
  3. Inicio de la infección por Rhizobium en el pelo radical.
  4. Cayado del pastor (pelo radicales, infectados por Rhizobium)
5 y 6. El cordón de infección de Rhizobium invade la matriz de células corticales de la
leguminosa en la raíz.
7. Rhizobium se reproduce en células haploides de la raíz y pierde su pared celular se
sobreproduce auxina.
8. Resultado se da la hipertrofia radical y aparece el nódulo.
9. Rhizobium sin pared (Bacteroide) en las células corticales fija nitrógeno.
10. El nódulo con leghemoglobina fija N2.
AUTOR:
Dr. Juan Manuel Sánchez-Yáñez Profesor Investigador Titular "C" T/C Perfil PROMEP
 Laboratorio de Microbiología Ambiental. Edif. B-3 Instituto de Investigaciones Químico Biológicas Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Ciudad Universitaria, Morelia, Michoacán, México.
 Leer más: http://www.monografias.com/trabajos16/rhizobium/rhizobium.shtml#ixzz3FevLQsOH