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sábado, 15 de noviembre de 2014

El bienestar de la vaca lechera y su efecto en los parametros productivos

titulo original 

"Cow comfort el bienestar de la vaca lechera"

Por Antonio Callejo Ramos

En la última década, el bienestar de los animales ha cobrado una extraordinaria importancia, habiéndose publicado numerosas normativas que fijan las condiciones en que han de ser alojados y manejados para no causarles sufrimientos innecesarios y estrés. Los consumidores de los países desarrollados cada vez son más conscientes de este hecho, y su demanda de productos de origen animal obtenidos en condiciones de producción éticamente correctas va en aumento. Además, la mayoría de los programas y modelos de certificación de producto (la leche, en este caso) tienen muy en cuenta los aspectos de bienestar animal entre sus requisitos. Definir el bienestar animal no siempre resulta fácil. Al fin y al cabo, lo interpretamos desde una perspectiva antropomórfica, es decir, atribuimos características humanas a las cosas o, como en este caso, a un animal como la vaca de producción de leche. No obstante, no resulta tan complicado rectificar aquello que provoca dolor, miedo, hambre, sed, calor, frío, etc., o evitarlos cuando construimos algo nuevo. También es importante conseguir un mantenimiento correcto de las instalaciones y un manejo del animal que evite los malos tratos.

¿Qué es el Cow comfort? Su relación con la bioseguridad

En nuestra modesta opinión, el término “cow comfort”, en su más amplio sentido, engloba todos los factores de bienestar de la vaca lechera y, por consiguiente, es de una gran importancia para lograr unos resultados productivos, reproductivos, económicos y comerciales adecuados. Según lo que establece el Consejo Británico de Bienestar de los Animales de Granja (Farm Animal Welfare Council), un nivel adecuado de bienestar requiere cinco condiciones:

Una nutrición correcta.

Confort térmico y físico (es decir, adecuadas condiciones ambientales u ausencia de lesiones causadas por el tipo de suelo, etc.).

Un buen control de las enfermedades, especialmente de aquellas que cursan con dolor.

Posibilidad de llevar a cabo las conductas por las que el animal muestra una motivación importante.

Ausencia de miedo o estrés intensos o prolongados.

Dicho de otra forma, la vaca de leche, como cualquier otro animal de interés zootécnico, debe poder desarrollar su vida productiva con la menor cantidad posible de factores causantes de estrés, tanto físico como “psíquico”. Las situaciones estresantes producen cambios en las constantes fisiológicas del animal y reducen su capacidad productiva, además de suponerles, en la mayoría de las ocasiones, incomodidad, posible miedo y, en muchas ocasiones, incluso dolor.

Estas situaciones de no-bienestar implican una reducción de la respuesta inmunitaria del animal ante agentes externos que, en condiciones normales de confort, no supondrían una merma de la condición sanitaria del animal. Y es aquí donde podemos relacionar el bienestar de la vaca, o cow comfort, con la bioseguridad. Ésta se puede definir de diversas formas pero nosotros manejamos la siguiente:

Bioseguridad es el conjunto de medidas puestas en práctica para:

Impedir la entrada de agentes infecciosos a una explotación ganadera.

Limitar su difusión dentro de la explotación y, como es lógico, su difusión hacia el exterior de la misma.

Aumentar la resistencia de los animales a las enfermedades.

Es en este tercer punto donde interviene de forma directa todo lo relacionado con el bienestar de la vaca.

Aspectos fundamentales  del Cow-comfort

Alojamientos

El bienestar de los animales empieza por disponer de un hábitat adecuado, que le permita expresar (dentro de las limitaciones propias de un sistema de explotación intensivo) comportamientos naturales, que le proporcione seguridad y confianza (por ejemplo, suelos no deslizantes), que no le limite el acceso al comedero, al bebedero o a la zona de descanso (evitar pasillos ciegos o estrechos), que no exacerbe las diferencias jerárquicas en el rebaño en forma de agresiones, etc. (figura 1).

FIGURA 1.
 El diseño de los pasillos no debe dificultar el movimiento de los animales.

El alojamiento debe proporcionar un espacio de descanso suficiente, evitando excesiva densidad de animales que, a corto plazo, derivan en camas sucias, patologías mamarias, malas condiciones ambientales, estatus sanitario deprimido… En este sentido, cuando se eligen los cubículos como sistema para la zona de reposo, es crucial un correcto diseño de los mismos si se quiere que cumplan su auténtica función, cual es proporcionar un confortable espacio individual de descanso a la vaca.

La orientación de los edificios, la disposición entre los mismos, su emplazamiento en la parcela, su diseño (altura, anchura y volumen), cobran un gran importancia cuando se piensa en las patologías que se derivan de una mala calidad del aire por una deficiente ventilación.

Condiciones ambientales

Probablemente sean las condiciones ambientales una de las principales asignaturas pendientes en los alojamientos de vacuno de leche. La concurrencia en gran parte de nuestro país de inviernos fríos y veranos muy calurosos añade una dificultad más a la ya compleja tarea de diseñar una ventilación correcta.

Es importante evitar las corrientes de aire pero debe proporcionarse una amplia superficie de entrada y de salida de aire (figuras 2 y 3). Para que ello pueda ser posible, incluso en invierno, sugerimos la instalación de cortavientos. La renovación de aire debe llegar a todos los rincones de los alojamientos, sin que se presenten zonas ciegas, y así evitar una humedad relativa excesiva, motivo de estrés térmico, de patologías respiratorias y de deterioro acelerado de los edificios.

 

La ventilación también es necesaria para evitar alcanzar niveles perjudiciales de gases nocivos como el amoníaco, el sulfuro de hidrógeno, el anhídrido carbónico o el metano.

Las condiciones calurosas de la mayor parte de nuestro país durante muchos meses del año aconsejan la instalación de sistemas de refrigeración en las naves; la vaca lechera soporta muy mal temperaturas altas y, en esta situación térmica, la reducción en la ingesta de alimento y en la producción de leche son notables.

Comederos

 
El comedero debe permitir una distribución adecuada de la ración, proporcionar espacio suficiente a las vacas para que éstas puedan consumir la cantidad que necesitan, estar limpio y libre de residuos de comidas anteriores y ser fácil de limpiar.

De esta forma, un comedero correctamente diseñado da lugar a un acercamiento del animal más frecuente, más duradero y a una mayor ingestión. Asimismo, evitará numerosas lesiones debidas a una presión excesiva de las vacas sobre él.

El espacio de comedero requerido para que el animal coma de manera confortable es un aspecto esencial del bienestar. Habitualmente se maneja la cifra de 60-70 cm de longitud de comedero por cada animal cuando se dispone de cornadizas que delimitan la posición del animal (figura 4) y de 80 cm cuando la cornadiza es una simple barra que impide el paso del animal hacia el pasillo.

FIGURA 4. Espacio de comedero en cornadiza autotrabante.

Independientemente del espacio de comedero necesario para que un animal pueda comer cómodamente, en nuestra opinión todas las vacas deben poder comer a la vez. Cuando existen dos filas de cubículos por cada línea de comedero, ésta tiene longitud suficiente para permitir que todos los animales alojados en esos cubículos puedan comer simultáneamente. Sin embargo, no es infrecuente disponer de tres filas de cubículos por línea de comedero, por cuanto aumentando unos pocos metros el ancho de la nave se puede alojar un tercio más de animales, a costa de reducir el espacio de comederos hasta un 35% con relación al número de animales alojados.

Esta solución presenta diversos inconvenientes que la hacen poco recomendable:

Las vacas dominantes pasan más tiempo en el mismo, ingiriendo más cantidad, al tiempo que pueden seleccionar las materias primas más apetecibles.

Debido a la competencia, los animales exhiben un comportamiento más agresivo e incrementan su nivel de estrés.

Tras el ordeño, no todos los animales pueden acceder al comedero y suelen tumbarse en los cubículos cuando todavía los esfínteres de los pezones permanecen abiertos con el consiguiente riesgo de infección en la ubre.

Se pierde la posibilidad de amarrar todos los animales mientras las vacas están comiendo. para realizar, con posterioridad, operaciones de manejo, como separación de animales, diagnóstico de gestación, inseminación, etc.

Se puede ver comprometido el cumplimiento de futuras normativas sobre bienestar animal, ya que se restringe el acceso de los animales al alimento.

Bebederos

No hay que olvidar que otro de los factores a considerar en el bienestar es un adecuado acceso al agua como elemento imprescindible para la vida, además de ser necesario para el correcto estado sanitario de los animales y, por tanto, para lograr un adecuado nivel de producción.

Los bebederos deben proporcionar agua en cantidad y calidad adecuadas, limpia y en lugares convenientemente ubicados para que las vacas puedan acceder con facilidad y sin interacciones negativas con sus congéneres.

Siempre que el tamaño del lote o grupo exceda de 10 animales deberán instalarse, al menos, dos puntos de agua. Ello ayuda a no interrumpir el suministro en caso de avería de uno de ellos y a reducir el efecto de las vacas dominantes.

Aunque las vacas ocupan relativamente poco tiempo en beber, tienden a permanecer cerca de los bebederos, especialmente en tiempo caluroso. Por tanto, los bebederos deben dimensionarse para permitir su uso a varios animales simultáneamente.

Algunas guías de servicios de extensión agraria de EE.UU. recomiendan 60 cm de espacio lineal de bebedero cada 15-20 vacas. Por tanto, un grupo de 100 vacas necesita entre 3-3,5 m de acceso al bebedero, mejor si se reparte en dos o tres localizaciones.

En climas calurosos, donde las vacas experimentan una intensa evaporación en la piel y los periodos de estrés térmico son más prolongados, se sugiere que los bebederos permitan el abrevado del 15% del grupo simultáneamente, disponiéndose de 60 cm por animal. Así, en un grupo de 100 vacas se debe disponer de 9 metros de espacio accesible de bebedero.

Para ubicar los bebederos, además de considerar su longitud, debe tenerse en cuenta que las vacas no deberían desplazarse más de 15 m para encontrar uno. Asimismo, no deben pasar más de una hora sin acceso al agua de bebida. Un lugar habitual para ubicar los bebederos son los pasos de cruces entre pasillos.

NO COLOCAR BEBEDEROS AL FINAL DE PASILLOS CIEGOS O SIN SALIDA.

Sala de ordeño

El centro de ordeño es un área que puede tener un gran efecto en el comportamiento y bienestar de las vacas. Caminos de acceso al área de ordeño, corral de espera, andenes de ordeño, salida de la sala de ordeño y pasillos de retorno son elementos que precisan de un cuidadoso diseño y planificación. No sólo por su uso diario (2 o tres veces) o por su repercusión en el rendimiento de la sala (expresado en vacas ordeñadas/hora) y en conseguir el adecuado estímulo de ordeño, sino porque el centro de ordeño puede ser un punto negro de la explotación en cuanto a causas de disconfort, en general, y de accidentes, en particular.

El recorrido de las vacas desde el establo hasta el centro de ordeño debe tener el mínimo posible de giros o cambios de dirección. Deberán estar bien drenados. Su superficie no será abrasiva ni resbaladiza en ninguna época del año, con lo que las vacas se moverán con más confianza y rapidez. Las pendientes no deberían ser superiores al 6%. La anchura de estos caminos deber ser de 3,0-3,5 m para grupos de menos de 150 vacas y de 6 m para grupos más grandes.

El patio de espera debe dimensionarse a razón de 1,2-1,5 m2/cabeza, según el tamaño de la raza de vacas que estemos ordeñando. Este número determinará la superficie total que se precisa, teniendo en cuenta que no es aconsejable que las vacas permanezcan más de 1 hora esperando a ser ordeñadas (o 45 minutos si se ordeña 3 veces al día).

En la entrada a la sala de ordeño debe haber una buena iluminación (75-100 lux) procurando que el acceso de los animales sea fácil (en línea recta), rápido (puerta de apriete) y con amplitud de entrada. Los animales no deben tener la impresión de entrar en un sitio oscuro.

Prever la entrada al corral de espera en el lado opuesto a la sala de ordeño, lo que facilita que el movimiento de los animales se realice lentamente, sin atropellos, avanzando siempre en el mismo sentido y manteniendo el orden. Deben evitarse las curvas cerradas y los estrechamientos que signifiquen un entorpecimiento a las vacas en movimiento, buscándose siempre la máxima fluidez.

En zonas muy calurosas recomendamos cubrir la zona de espera, pues son las altas temperaturas las que más negativamente afectan a las vacas (figura 5).

FIGURA 5. Patio de espera cubierto.

Las subidas y bajadas a la sala de ordeño dificultan el movimiento del rebaño, por lo que debe buscarse su eliminación tratando que los animales se desplacen sobre un mismo plano. Cuando no fuera posible eliminar los desniveles, es preferible emplear escalones de poca altura pero profundos. Como orientación, puede tomarse el valor de 0,65 m de huella y 0,25 de contrahuella; si se trata de rampas, no deben superar el 17 por 100 de pendiente y asegurando una perfecta adherencia y tracción.

Podemos concluir diciendo que el manejo del ganado es un factor determinante de la eficiencia del ordeño. Todas aquellas situaciones que den lugar a la liberación de adrenalina por el animal en los 30 minutos anteriores al ordeño, pueden interferir en el mecanismo de eyección de la leche, prolongando el tiempo de ordeño. Los animales que van con tranquilidad a ordeñarse y entran rápidamente en la sala de ordeño, generalmente no defecan en ella. Si un determinado número de vacas no entra voluntariamente o defeca frecuentemente en la sala, deberá comprobarse el procedimiento de ordeño.

La salida de la sala de ordeño puede determinar el rendimiento de ésta. Se debe diseñar un amplio espacio delante de la posición de ordeño para que la salida sea rápida y evitar “atascos”, teniendo presente que cuánto más grande sea la sala, mayor es el número de vacas que tiene que salir. Algunos técnicos recomiendan que este espacio sea suficiente para las vacas de dos grupos de ordeño cuando en él se instalan bebederos.

El pasillo de retorno es la zona más habitual para localizar una puerta de clasificación o selección con objeto de separar los animales que necesitan algún tratamiento u observación. Ello implica que los animales deben circular en fila india, lo que puede dificultar la fluidez de salida de las vacas si esta puerta se sitúa muy cerca de la sala de ordeño.

Resumen

El Cow-comfort es, como hemos podido comprobar, un tema amplio e inabarcable en unas pocas páginas. Nuestra intención ha sido resaltar las cuestiones más importantes y, sobre todo, destacar la gran relevancia de este asunto y poner de manifiesto el decisivo papel de los alojamientos en el bienestar de las vacas lecheras. No sólo se deben considerar cuestiones de diseño y dimensionamiento sino que, igualmente, debe prestarse gran atención al mantenimiento de las instalaciones y a conseguir unas condiciones ambientales idóneas para que los animales expresen todo su potencial productivo y presenten una mayor resistencia a agentes potencialmente infecciosos.


Este Artículo, también se encuentra publicado en la edición No. 60 Junio - Julio 2013  de la revista Entorno Ganadero.

viernes, 7 de noviembre de 2014

El cultivo de Alfalfa y su Tecnología de manejo

Jesús Ma. ESPINOZA CALZADA M.C. Investigador del Programa de Forrajes. Campo Experimental Pabellón. CIRNOC-INIFAP. José Luis RAMOS GONZALEZ Ing. Investigador del Programa de Forrajes. Campo Experimental Pabellón. CIRNOC-INIFAP. 

C O N T E N I D O
Introducción
Selección del terreno
Preparación del terreno
Variedades
Siembra
Densidad de siembra
Fertilización
Riegos
Plagas
Control de maleza
Enfermedades
  Enfermedades foliares
  Enfermedades de la raíz
  Enfermedades de la corona
Cosecha
Personal investigador

Introducción
                En la región templada y semiárida de México, donde se dispone de riego, el cultivo de la alfalfa tiene importancia acentuada, ya que es un forraje que apoya en gran medida la alimentación básica del ganado bovino productor de leche.
                En las condiciones actuales de los sistemas de producción agropecuaria y la disponibilidad de equipo para la cosecha de forrajes, no es posible considerar alguna especie con las características nutritivas como las tiene la alfalfa; sin embargo, es notorio el manejo empírico del cultivo por parte de los productores, lo cual reduce la productividad, calidad del forraje y longevidad del alfalfar.
             En ésta aportación, se describe la tecnología generada por el Campo Experimental Pabellón para el establecimiento, uso y manejo del cultivo de la alfalfa, como un apoyo al productor de la región Centro de México.
 
Selección del terreno
               La alfalfa es una especie forrajera que se adapta a una gran variedad de suelos; sin embargo, prefiere los de textura media, profundos y con buen drenaje. Cuando el suelo no tiene estas características la planta no puede expresar todo su potencial de rendimiento.
               En terrenos muy pesados o arcillosos, siempre existe el peligro de perder el cultivo durante la etapa de establecimiento, debido a la formación de costras sólidas que retienen la emergencia de las plántulas. Además, el suelo compactado bajo condiciones de extremada sequía, dificulta la respiración de las raíces y pone en riesgo la vida de la planta.
               Cuando existen encharcamientos por períodos prolongados, las raíces mueren lentamente por asfixia, lo cual puede evitarse con un buen trazo de riego que permita una distribución uniforme del agua en el terreno. Paralelamente los excesos de humedad traen consigo la acumulación de sales en los horizontes superiores del suelo.
             La alfalfa es medianamente tolerante a la salinidad del suelo, sin embargo, en la etapa de nacencia presenta menos tolerancia a ella. La persistencia de sales y encharcamientos limitan el desarrollo de la planta y provocan la muerte gradual de la misma.
            La alfalfa prefiere los suelos profundos, donde encuentra espacios suficientes para extender y desarrollar sus abundantes raíces. Se ha determinado que la profundidad del suelo tiene un efecto directo sobre el rendimiento de esta especie forrajera. En el Cuadro 1 se observa que en los suelos más profundos la alfalfa expresa mayor potencial de producción. De esta forma, para lograr buenas producciones, se deben seleccionar suelos de profundidad igual o superior a 40 centímetros.
 
CUADRO 1. COMPORTAMIENTO DE LA PRODUCCION DE ALFALFA, DE ACUERDO CON LA PROFUNDIDAD DEL SUELO.
 
Profundidad del Suelo (cm)
Producción (%)
Mayor de 60
100
De 40 a 60
80
De 30 a 40
77
Preparación del terreno
La preparación adecuada del terreno es determinante para lograr altos rendimientos del cultivo durante varios años. En esta labor se debe considerar:
  • La profundidad de rompimiento del suelo, de manera que se favorezca el desarrollo normal de las raíces.
  • La destrucción de la maleza para evitar su competencia con la alfalfa por espacio, luz, humedad y elementos nutritivos.
  • La formación de una capa de suelo bien mullida en donde la semilla emerja libremente para obtener un alfalfar excelente.
A continuación se describen las labores que requiere el terreno para la siembra de alfalfa.
Subsoleo. Esta labor consiste en romper las capas más profundas del suelo, con el objetivo de mejorar las condiciones de drenaje y aumentar la capacidad de almacenamiento del agua.
Barbecho. Sirve para romper y aflojar el suelo, enterrar residuos de la cosecha anterior y eliminar parcialmente las plagas del suelo. Se sugiere hacer esta labor a una profundidad entre los 30 a 35 centímetros.
Rastreo. Después del barbecho, es necesario dar uno o dos pasos de rastra para romper los terrones y mullir el suelo; con esto, se puede obtener una cama que facilite la nacencia de la planta.
Nivelación. Cuando el terreno destinado a la siembra de alfalfa no sea plano, es conveniente realizar la nivelación para distribuir mejor el agua de riego y la de lluvia. La nivelación evita encharcamientos que provocan la asfixia de las raíces y la incidencia de enfermedades.
Surcado de presiembra.Cuando se dispone del método de riego conocido como "agua rodada" es necesario surcar el terreno para aplicar el riego de presiembra. En caso de utilizar sistemas presurizados de riego se omite este surcado.
Se advierte que si se siembra y después se surca, es probable que, por endurecimiento del suelo, se pierda hasta el 90 por ciento de la semilla.
 
Variedades
Las variedades de alfalfa recomendadas para la región templada y semiárida de México fueron seleccionadas por su alto rendimiento, longevidad y calidad de forraje; además, éstas tienen un nivel de dormancia entre 8 y 9*; o sea, son capaces de producir en el invierno y, por ello, hacen más redituable el suministro del agua de riego.
Se sugiere sembrar las variedades Cuf 101, El Camino, SW-14, Excelente, NK 819, Mesa Sirsa, Suprema, Cóndor, Atoyac, San Miguelito y Moapa 69, las cuales con el paquete tecnológico que se describe en esta publicación, tienen un potencial de producción entre 100 a 110 toneladas de forraje verde por hectárea al año, que equivalen aproximadamente a 22 toneladas por hectárea de forraje seco de buena calidad, con un promedio de 10 cortes por año.
 
Siembra
Fecha de siembra. La alfalfa puede ser sembrada en cualquier época del año, pero es recomendable establecerla en el otoño e invierno, es decir, del 15 de octubre al 15 de febrero. En este período los problemas por maleza se reducen, debido a la presencia de temperaturas bajas.
En la etapa de emergencia, la alfalfa es muy tolerante a las bajas temperaturas, siempre y cuando exista suficiente humedad en el suelo.
Método de siembra. Si se dispone de riego rodado y el cultivo será utilizado para corte, se recomienda realizar la siembra con sembradora de granos pequeños "Brillon" bajo el siguiente procedimiento:
Surcar. Esta acción es con el fin de hacer una distribución uniforme del agua de riego y facilitar la cosecha.
Sembrar. Con la utilización de este tipo de sembradora la distribución de la semilla y su profundidad es uniforme, lo cual favorece la emergencia de la planta.
Pisonear surcos. Inmediatamente después de sembrar o simultáneamente con la siembra se recomienda pisonear los caños de los surcos con un paso del rodado del tractor, con la finalidad de "marcar" bien los surcos y evitar problemas en la conducción del agua de riego.
Si la alfalfa va ser utilizada para pastoreo directo, o bien, para corte manual con guadaña, se recomienda que se establezca en melgas, sembrada al voleo o con sembradora de granos pequeños. Cabe señalar que la construcción de las melgas se debe realizar antes de la siembra.
El método de siembra en melgas ayuda a economizar agua en el riego; sin embargo, los bordos de la melga dificultan la cosecha mecánica.
Cuando se dispone de un sistema de riego por aspersión, se recomienda sembrar al voleo o con sembradora de granos pequeños, como la del tipo "Brillon", sin importar el uso del alfalfar, ya sea para corte o pastoreo directo.
 
Densidad de siembra
En un cultivo de alfalfa, el costo de la semilla equivale al 50 por ciento del costo total de establecimiento, por lo que es importante seleccionar la variedad y usar la cantidad de semilla adecuadas.
Cuando el terreno está bien preparado, se requieren de 30 a 35 kilogramos de semilla por hectárea. La densidad inicial de plantas de alfalfa depende de la proporción de semilla viable y tiene efecto a largo plazo sobre la vida productiva del cultivo. Cabe señalar que si se usa una cantidad de semilla mayor a la recomendada no se aumentan los rendimientos por hectárea, pero si se elevan los costos de establecimiento del cultivo.
 
Fertilización
El hecho de que la planta de alfalfa fije nitrógeno en el suelo, en ocasiones es un proceso mal interpretado y es común que se piense que si la alfalfa aumenta los elementos nutritivos del suelo, no precisa de ninguno de ellos, por lo que algunos productores no fertilizan o fertilizan escasamente.
Se sugiere que al momento de la siembra se utilicen 40 kilogramos de nitrógeno y 90 de fósforo por hectárea. En la etapa de producción, es conveniente fertilizar cada seis meses con 90 kilogramos de fósforo por hectárea.
En este cultivo no es recomendable la aplicación de nitrógeno en la etapa de producción, debido a que la semilla inoculada con bacterias del género Rhizobium forman nodulaciones, por medio de las cuales, la planta se podrá autoabastecer de nitrógeno. Por el contrario, las aplicaciones nitrogenadas, sólo favorecen el crecimiento de maleza y de pastos invasores del cultivo, lo cual se traduce en una competencia de plantas indeseables provocada por este manejo del cultivo.
 
Riegos
Para lograr mayor eficiencia en el uso del agua, se sugiere aplicar los riegos de acuerdo al siguiente calendario:
El riego de germinación debe ser ligero y aplicarse lentamente para evitar el arrastre de la semilla; diez días después, se debe aplicar un riego ligero para lograr la germinación uniforme.
En los riegos posteriores, se pueden manejar volúmenes más grandes de agua; sin embargo, siempre deben evitarse encharcamientos prolongados.
En general, después de los riegos de germinación y nacencia, se aplican otros tres riegos en períodos de 15 a 20 días, antes del primer corte. Posteriormente, se aplican dos riegos entre cortes; el primero inmediatamente después del corte y el segundo, 15 días después.
Cuando las temperaturas son elevadas, las láminas de riego deben ser bajas con aplicaciones frecuentes para evitar la aparición de enfermedades de la raíz.
 
Plagas
En el cultivo de alfalfa destinada a la producción de forraje, las plagas más comunes que afectan a la planta son los áfidos (pulgón verde y pulgón manchado) y el gusano soldado; sin embargo, su control químico no es recomendable, ya que al suministrar forraje con insecticidas se corre el riesgo de intoxicación del ganado.
Una medida práctica para el control de las plagas mencionadas consiste en realizar cortes prematuros, debido a que así se reduce su proliferación.
 
Control de maleza
La presencia de maleza dentro de un cultivo de alfalfa es un factor determinante en la obtención de rendimientos bajos y forraje de mala calidad, por lo que se sugiere controlar la maleza inclusive desde el momento del establecimiento del alfalfar y mantener vigoroso el cultivo durante su etapa productiva.
Existen varios métodos para reducir la incidencia de la maleza en el terreno y, para lograrlo, pueden conjugarse las siguientes prácticas: preparación adecuada del terreno, uso eficiente del agua de riego, realizar la cosecha en la etapa de madurez y altura de corte adecuadas, usar herbicidas en presiembra y en el cultivo ya establecido.
Dentro de las condiciones que favorecen la presencia de maleza se encuentran:
a) Cuando un alfalfar está en plena producción y no se fertiliza y riega adecuadamente.
b) Cuando los cortes son muy irregulares en la etapa de madurez.
c) Cuando la altura de corte es muy irregular, el cultivo se expone a una fuerte invasión de maleza perenne. En ese momento es necesario realizar el control químico.
Para el control efectivo de la maleza de la alfalfa, se pueden emplear los herbicidas: Pivot, Poast Plus, Goal, Eptam (EPTC), Balam, Buctril y Butyrac. Para su aplicación se recomienda seguir las recomendaciones marcadas en las etiquetas de cada producto.
 
Enfermedades
Las enfermedades de la alfalfa causan deterioro y muerte de las plantas y generan pérdidas económicas; sin embargo, su ocurrencia y severidad depende principalmente de las condiciones ambientales, del tipo de suelo y del manejo que se de al cultivo.
Desde el punto de vista económico existen pocas opciones para el control de enfermedades, por lo tanto, es recomendable seleccionar variedades resistentes a los patógenos.
 
Enfermedades foliares
Entre las principales enfermedades foliares que ocasionan pérdidas en el rendimiento de forraje están la peca de la alfalfa y mildiu velloso, las cuales se describen a continuación:
Peca de la alfalfa. Se presenta en la mayoría de las regiones alfalferas de México, especialmente durante la época de lluvias y cuando prevalecen períodos húmedos frescos. Sus síntomas se observan en las hojas de los dos primeros tercios de la planta, donde aparecen pequeñas manchas circulares de color castaño, las cuales pueden provocar la caída de las hojas cuando su ataque es muy intenso.
Si la peca reduce considerablemente el número de hojas, el rendimiento y la calidad de forraje disminuyen, debido a que las hojas de las alfalfa constituyen la parte más nutritiva de la planta.
Una práctica recomendable para el control de la peca, es cortar la alfalfa prematuramente durante la época de lluvias, con el fin de conservar las hojas y el valor nutricional del forraje.
Mildiu velloso. Este hongo se presenta durante la época de lluvias, principalmente en los terrenos donde la planta permanece húmeda por mucho tiempo. En las hojas infestadas por esta enfermedad se observan manchas de color gris claro sobre los tejidos, los cuales se tornan de un color rojizo cuando el ataque es muy fuerte. Las hojas llegan a presentar clorosis, se arrugan y en ocasiones mueren y finalmente se desprenden de la planta.
Al igual que para la peca, no existen medidas preventivas eficaces para el control del mildiu, por lo que el corte prematuro de la alfalfa, es la práctica más común para conservar las hojas.
Enfermedades de la raíz
Pudrición de la raíz. Es una enfermedad causada por un hongo que invade los tejidos de la raíz y el tallo. Con su ataque provoca problemas de absorción y transporte de agua y nutrimientos. Las plantas infectadas reducen su desarrollo, su follaje toma una coloración verde amarillenta, las hojas se marchitan y finalmente la planta muere.
Para prevenir y controlar al hongo se recomienda nivelar el terreno antes de sembrar con el objetivo de evitar en lo posible el exceso de humedad cuando se aplica el riego.
Marchitez. La marchitez ocurre por lo general en terrenos cuyo drenaje es deficiente o donde existen encharcamientos. Con su ataque el follaje adquiere una tonalidad amarillenta, formándose en algunas partes una coloración rojiza. A consecuencia del daño, la planta tiene un desarrollo raquítico y llega a morir.
En las raíces se observan lesiones hundidas de tamaño variable, al principio de color amarillo y posteriormente se tornan de color café obscuro con los márgenes amarillentos. Estas lesiones se pueden localizar en cualquier parte de la raíz.
El hongo de esta enfermedad permanece en el suelo dentro de las raíces infectadas y, cuando se presentan condiciones favorables para su desarrollo (exceso de agua en el suelo), produce esporangios o estructuras fructíferas, de las cuales salen las esporas que se desplazan a través del agua e infectan a otras plantas.
La transmisión de la enfermedad puede ocurrir principalmente por el acarreo del hongo a través del agua de riego, herramientas y maquinaria de labranza.
Para controlar la marchitez se deben evitar los excesos de agua en el suelo, para lo cual se recomienda nivelar perfectamente el terreno antes de establecer el alfalfar, o bien, seleccionar variedades resistentes a la marchitez. Así mismo, la rotación de cultivos de gramíneas, como maíz, avena, sorgo y trigo puede reducir la incidencia de esta enfermedad.
Enfermedades de la corona
Marchitez bacteriana o "escoba de bruja". Esta bacteria penetra en las raíces de la alfalfa por heridas y lesiones naturales de los tejidos de la corona.
Los síntomas característicos aparecen casi siempre al segundo año de establecido el alfalfar. Inicialmente se observa una reducción en el vigor de las plantas, las hojas se tornan amarillas, se blanquean y mueren a fines del verano. En las plantas afectadas, las hojas son más pequeñas y se engrosan antes de perder su coloración natural, los tallos son más pequeños y numerosos y presentan una apariencia de escoba.
Al analizar la raíz principal de una planta enferma, muestra una coloración castaño pálida en el tejido leñoso y, si se corta en secciones transversales, se observarán unos anillos café-amarillentos, precisamente bajo los tejidos de la base de la corona de la planta.
El control de la enfermedad se logra mediante el manejo adecuado del cultivo durante la cosecha, evitando al máximo el pisoteo excesivo, ya que éste ocasiona lesiones en los tejidos de la base de la corona, dando margen a que aparezca la enfermedad. Además deben evitarse los riegos muy pesados.
El control químico de la enfermedad puede efectuarse con la aplicación de terramicina agrícola y fertilizante foliar que estimule el desarrollo uniforme de los rebrotes afectados por la enfermedad.
Pudrición de la base. Se presenta en aquellos alfalfares cuyo drenaje es deficiente. En estos sitios se puede observar la pudrición de la base de los tallos que trae como consecuencia el secamiento y la muerte de todo el follaje.
Los daños más fuertes se registran durante el período de lluvias, cuando hay exceso de humedad en la base de los tallos y la temperatura es de 23 a 26 grados centígrados durante el día.
Como medida preventiva para esta enfermedad se sugiere nivelar perfectamente el terreno para evitar encharcamientos excesos de humedad. Igual que para la marchitez bacteriana, el control químico de esta enfermedad se realiza con terramicina agrícola y fertilizante foliar.
Pudrición texana. Esta enfermedad es frecuente en suelos alcalinos y arenosos, característicos de la región Norte Centro de México. Los síntomas se observan como un amarillamiento de las puntas de los tallos de los rebrotes y el secamiento posterior de la planta. La raíz presenta una pudrición negra con filamentos blanquecinos sobre su corteza al nivel del suelo; además, cerca de las plantas muertas aparecen masas de esporas del hongo.
Para su control se sugiere hacer rotación de cultivos de gramíneas al menos por tres años. Además es recomendable reducir el pH de los suelos por medio de la aplicación de ácidos húmicos, aplicar terramicina agrícola y fertilizante foliar que estimule los rebrotes de las plantas afectadas por la enfermedad.
 
Cosecha
Las actividades fundamentales de la cosecha del forraje de alfalfa que requieren especial cuidado son corte, juntado (alomillado o achorizado) y empacado.
Corte. Se recomienda cortar la alfalfa cuando tenga entre un 5 a 10 por ciento de floración o cuando los rebrotes nuevos tengan un tamaño entre los 5 a 7 centímetros.

En el Cuadro 2, se menciona el efecto que se produce en el cultivo de la alfalfa, de acuerdo con el estado de madurez que presenten las plantas.

CUADRO 2. EFECTO DE LA ETAPA DE CORTE EN EL CULTIVO DE ALFALFA.
 
Estado de madurez
Hojas
(%)
P.C.
(%)
ADF
(%)
NDF
(%)
VRF
(%)
Dig.
(%)
Rendimiento
ton de MS/ha
BotónInicio de floración
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2.2
2.1
        Fuente: Nuñez, 1984; Pioneer, 1990. 
 
Para lograr la máxima calidad y rendimiento se sugiere realizar los cortes cada 25 a 28 días en primavera y verano; en el otoño cada 30 a 35 días y en invierno cada 40 a 45 días.
El número de días entre cortes depende de la luz solar, período en el cual la planta debe alcanzar una madurez óptima de cosecha y almacenar reservas de recuperación para un siguiente corte, de acuerdo a cada estación del año, dando como resultado una mayor longevidad en el cultivo.
La alfalfa se debe cortar entre los 5 a 7 centímetros sobre la superficie del suelo, ya que a esa altura no se daña la corona de la planta ni los rebrotes, los cuales serán el forraje del siguiente corte.
Juntado (alomillado o achorizado)Para lograr el éxito en el juntado del forraje, se sugiere hacer esta actividad cuando el forraje tiene aproximadamente un 20 por ciento de humedad, y una vez junto, se sugiere dejarlo asolear un día más, hasta que alcance alrededor del 16 a 18 por ciento de humedad.
La forma y el momento del juntado determinan la calidad del forraje. Cuando se va e empacar es recomendable no juntar cuando esté muy seco porque se le caen las hojas, ni muy húmedo porque se "foguea" y se pudre.
EmpacadoEs la acción final del proceso de cosecha. Para lograr un buen empaque y obtener forraje de alta calidad, es importante sincronizar las actividades de juntado y empacado, de tal forma que la alfalfa sea manejada con un contenido de humedad entre el 16 al 18 por ciento para evitar la caída de las hojas por el golpeteo de la empacadora.
  

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Pabellón de Arteaga, Ags.

viernes, 17 de octubre de 2014

Instalaciones óptimas para ganado lechero

autor: 

Madrid, España
Doctor Ingeniero Agrónomo
Resumen

El ganado lechero en régimen intensivo pasa la mayor parte del tiempo bajo techo, por lo que el diseño del alojamiento puede afectar considerablemente a su salud y a su comportamiento.
 La mayor parte de la investigación en cow confort se ha centrado en el diseño de los cubículos, pero en este tipo de instalaciones la superficie del suelo fuera de las zonas de descanso (pasillos, caminos, salas de espera) tiene también una gran importancia. La superficie de hormigón con que se recubre habitualmente el suelo de las naves se ha asociado con una mayor incidencia de cojeras y de problemas podales.
Debido a ello, desde hace algunos años se vienen proponiendo y comercializando otras alternativas al hormigón, aunque éste tenga que constituir la base del suelo. Nos referimos a los suelos de goma o de caucho, cuyos materiales, diseños y características han ido evolucionando durante estos aos, hasta convertirse hoy día en una alternativa a tener en cuenta.

1. Introducción
La producción lechera actual se ha decantado por la utilización de vacas de alto potencial genético y, por ello, de muy alta producción de leche. Ello exige ´satisfacer unos altos requerimientos nutricionales, sanitarios y de manejo para que puedan expresar todo su potencial productivo.
Paralelamente, el incremento del precio de las materias primas alimenticias junto con el fluctuante precio de la leche (ninguno de ellos controlable por el ganadero) hace que el beneficio por litro de leche sea cada vez más bajo y que la principal manera de rentabilizar la explotación sea produciendo grandes volúmenes de leche. Por ello y para ello se requieren granjas de un tamaño cada vez mayor, con mayor número de vacas y de alta producción.
Con la expansión de los rebaños y la escasez y carestía de la mano de obra se ha ido abandonando los sistemas basados en el aprovechamiento directo del pasto y confinando a las vacas en instalaciones cubiertas y con una menor disponibilidad de espacio. Estas instalaciones, si están bien diseñadas, ofrecen considerables ventajas como la de proporcionar protección ante las inclemencias meteorológicas, la posibilidad de refrigerarlas en épocas de calor, mayor facilidad para acceder al alimento sólido y al agua y un lugar confortable donde tumbarse y descansar.
En el lado de los inconvenientes, las vacas se ven obligadas a permanecer de pie y a caminar sobre una superficie dura, habiéndose generalizado el uso del hormigón por ser resistente, duradero, económico y de fácil instalación. Sin embargo, no proporciona el confort y seguridad que las vacas requieren. Si tenemos en cuenta que las vacas pueden permanecer de pie entre 10 y 12 horas diarias (o más si el lugar de reposo no les resulta cómodo), es lógico que las cojeras y los problemas de pezuñas supongan una de las principales causas por la que las vacas son eliminadas de un rebaño o que los resbalones sean una frecuente causa de accidentes y lesiones en estos animales. Un estudio publicado en 1996 en Estados Unidos por el Sistema Nacional de Monitorización de la Salud Animal indicaba que el 15% de las vacas lecheras eliminadas en ese país lo eran por un efecto directo de las cojeras. Esta cifra puede parecer razonable hasta que se consideran los efectos indirectos de las cojeras sobre la producción y la reproducción, cifrados en un 49,1% adicional de las vacas eliminadas en los rebaños norteamericanos. Aunque los datos son de casi 20 años atrás, es indudable que el impacto de las cojeras sobre la tasa de eliminación de las vacas no ha mejorado mucho desde entonces.
Parece recomendable, por tanto, conseguir una superficie con tracción y antideslizante, que favorezca la movilidad de las vacas dentro del establo que les invite a ir a comer con confianza y seguridad. Si la vaca no se siente segura y cómoda, no se moverá, lo que supone un comportamiento anormal. Este fenómeno es aún más acusado en las vacas que tienen problemas podales.
Finalmente, destaquemos que muchas granjas alivian sus problemas de cojeras permitiendo a las vacas salir a corrales exteriores de tierra o hierba en las épocas en que estos corrales permanecen secos (Figura 1). Obviamente, esta alternativa sólo es posible si se dispone de estas zonas exteriores.

Figura 1. En parques exteriores de tierra, las vacas alivian sus problemas de cojeras


2. Suelos y cojeras
El casco de las pezuñas de las vacas está en un continuo proceso de regeneración y, en condiciones normales, el crecimiento y desgaste del mismo se producen a un ritmo similar. Sin embrago, cuando las vacas son alojadas sobre suelos de hormigón cambia la forma de los cascos. El crecimiento se acelera por la carga soportada sobre una superficie dura y la abrasión de esta superficie induce un mayor desgaste, lo que conduce a malformaciones en las pezuñas, más propensas entonces a lesiones mecánicas y penetración de agentes infecciosos. Más aún, la carga total y presiones ejercidas sobre las pezuñas cuando las vacas caminan es el doble que cuando permanecen quietas.
Cando la vaca permanece sobre un suelo duro, hay una mayor transferencia de peso en las pezuñas posteriores externas, que son ligeramente más grandes que las internas. La irritación provocada por esta sobrecarga hace que se produzca aún más casco, lo que origina que la mayor parte de las cojeras se desarrollen sobre estas pezuñas (Figura 2).
El hormigón, dependiendo de su formulación y, sobre todo, de cómo se ha “rematado” tras su vertido en el suelo, es capaz de crear una superficie muy abrasiva para las pezuñas de las vacas. El hormigón nuevo es más abrasivo que el viejo, y si está húmedo es un 83% más abrasivo que cuando está seco (McDaniel, 1983). En suelos abrasivos, la pezuña se desgasta más de lo que es capaz de regenerarse durante los 2 primeros meses del hormigón.

Figura 2. La pezuña externa es más grande que la interna


Cuando el suelo está húmedo, el daño es doble, pues a la abrasión y desgaste de la pezuña se le une el reblandecimiento de la misma y aumento consiguiente de su desgaste. El estuche córneo de la pezuña es una estructura muy higroscópica, de modo que la humedad impregna la queratina del casco y la reblandece, disminuyendo su resistencia y aumentando el riesgo de lesiones.
Otro motivo importante para un desgaste acelerado de los cascos es un manejo deficiente de los animales por efecto de la aglomeración de animales e intranquilidad de éstos que provoca giros bruscos de las pezuñas sobre el suelo y mayor abrasión. Por esta razón, el diseño adecuado de las instalaciones debe facilitar el movimiento de las vacas y evitar que estas experimenten fuerzas de rotación excesivas en sus pezuñas (Figura 3).

Figura 3. Deben evitarse los giros bruscos


De igual forma, la incidencia de dermatitis digital papilomatosa es, según algunos estudios, sustancialmente más alta en granjas donde las vacas se desplazan sobre suelo de hormigón respecto a las que tienen suelo de tierra o a las que disponen de praderas para pastar. Probablemente ello se deba a la mayor probabilidad que tienen los microorganismos causantes del problema de entrar en las pezuñas dañadas por la mayor abrasión del hormigón.
Además del problema de las cojeras per se, éstas tienen efectos negativos diversos:
  • Reducen la producción de leche, debido principalmente a la reducción en el consumo de alimento, causada tanto por el dolor como por la menor movilidad del animal.
  • Reducen la fertilidad, debido en parte a la pérdida de condición corporal de la vaca. Aumentan el riesgo de que el animal desarrolle quistes ováricos y disminuyen las manifestaciones de celo por su menor movilidad.
  • Aumentan el riesgo de mamitis ambientales.
  • La menor movilidad de la vaca disminuye las manifestaciones de celo (monta) aumentando la incidencia de celos silenciosos
  • El tiempo de descanso puede disminuir por el dolor que experimenta al levantarse y al tumbarse por lo que permanecen más tiempo de pie, agravando aún más el problema.
Todo ello da lugar a una disminución de la vida útil de la vaca, aumentando la tasa de reposición del rebaño, con el consiguiente perjuicio económico.
Un estudio realizado en el Reino Unido (Green y col., 2002) estimaba que las cojeras reducían la producción una media de 360 kg por lactación normalizada a 305 días. Esta disminución de la producción podía comenzar hasta 4 meses antes de que el ganadero percibiese la cojera de la vaca y continuar hasta 5 meses después de iniciado el tratamiento curativo. Ciertos tipos de cojeras pueden provocar un descenso aún mayor de la producción, de hasta un 10%.
Además del impacto económico, las lesiones, heridas y patologías podales suelen ser muy dolorosas (por eso cojea). Cojear, reducir la longitud del paso, andar envarado y rígido, arqueo del lomo al andar, descansar la pata afectada y pasar más tiempo tumbada son algunas de las conductas de la vaca para aliviar el dolor, por lo que las cojeras consituyen un serio problema de bienestar animal, cuestión sobre la que la sociedad actual ejerce una presión cada vez mayor.
Una vaca coja es menos competitiva y desciende posiciones en el orden jerárquico, se vuelve más temerosa y tiene tres veces más posibilidades de ser eliminada que las vacas sanas. También tiene más dificultades para tumbarse y levantarse, con un mayor riesgo de traumatismos en los pezones y mamitis asociadas.
2.1. Cojeras y comportamiento
La cojera cambia el normal comportamiento y desplazamiento de las vacas. Las vacas cojas manifiestan posturas alteradas mientras caminan o mientras permanecen de pie, lo que parecen ser síntomas claros de malestar. Las vacas cojas entran a la sala de ordeño más tarde, permanecen tumbadas más tiempo y pastan (en su caso) durante menos tiempo que las vacas sanas. También influye negativamente sobre su conducta en el comedero y en el rango jerárquico dentro del grupo.
El modo en que se desplazan los animales y su conducta suelen ser los mejores indicadores de la calidad del suelo. En condiciones normales, la vaca coloca la pezuña trasera en las proximidades de la “huella” dejada por la pezuña delantera del mismo lado. La longitud media del paso es de 80 cm. Cuando la superficie del suelo pierde adherencia o las pezuñas están dañadas, la vaca tiende a reducir la amplitud del paso y a caminar más lentamente y con la cabeza más baja. Si la cojera es evidente, arqueará el lomo al andar y se parará más a menudo, cargando el peso sobre las patas sanas. Existen diversas escalas de valoración (de 1 a 5 ó de 1 a 4) del grado de severidad de las cojeras, que evalúan, fundamentalmente, el arqueamiento del lomo y la longitud del paso. Recomendamos consultar la información de la página web: http://www.zinpro.com/lameness/dairy/locomotion-scoring.
Hay otras escalas más sencillas. La escala del Programa Europeo de Control de Cojeras en ganado vacuno (dentro del Welfare Quality Project) determina sólo 3 niveles:
0: Vaca sana
1: vaca con cojera leve
2: vaca con cojera severa
La interesante documentación de este Programa de Control de Cojeras puede consultarse en http://www.cattle-lameness.eu.
Para evaluar el modo de andar de las vacas y determinar si puede haber un principio de cojera, se requiere un pasillo de unos 10 m de longitud, no muy ancho para evitar que la vaca se desplace lateralmente y sin nada que distraiga su atención y le incite a detenerse, lo que suele conseguirse por la presencia de una persona andando tras ella. Un momento adecuado puede ser cuando las vacas vuelven del ordeño. También se requiere distribuir en el suelo de ese pasillo algún material que permita que las huellas de las pezuñas de la vaca queden marcadas. Pueden efectuarse las siguientes mediciones (figura 4):
  • Longitud de zancada: distancia entre dos huellas consecutivas de la misma pata trasera
  • Longitud del paso: distancia entre dos huellas consecutivas de la pata trasera izquierda y de la derecha.
  • Solapamiento: distancia longitudinal entre la huella de una pezuña delantera y la huella siguiente de la pezuña trasera del mismo lado. La valoración es positiva si la huella de la pezuña trasera está por delante de la delantera, y negativa en el caso contrario.
  • Ángulo del paso: ángulo entre dos líneas imaginarias que unen tres huellas consecutivas de las patas traseras.
  • Asimetría del paso: valor absoluto de la diferencia entre la longitud de dos pasos consecutivos (longitud del paso 1 menos longitud del paso 2).

Figura 4. Medidas en las huellas dejadas por las vacas en su desplazamiento. F=delantera, R=trasera, L=izquierda, R=derecha (a partir de Telezhenko y Bergsten, 2005)


Zancadas cortas, ángulo del paso pequeño y un solapamiento de valor negativo elevado indican una movilidad reducida. Este solapamiento negativo también indica un a menor longitud de zancadas y de pasos.
Un suelo deslizante, inseguro, obliga a las vacas a reducir la longitud de su zancada. Para mantener la velocidad de desplazamiento deberán aumentar la frecuencia de los pasos, lo que es proporcional a los costes metabólicos de locomoción.
La asimetría del paso se debe al acortamiento del mismo cuando se cambia el apoyo de la pezuña lesionada a la pezuña sana. Cuanto más dolor sienta la vaca en la pezuña dañada (mayor cojera), mayor será la asimetría del paso. Las vacas cojas muestran alivio en el dolor cuando caminan sobre una superficie blanda como la goma o la arena, disminuyendo esta asimetría.
El ángulo del paso es un parámetro que caracteriza la anchura de la vaca cuando camina. Cuanto más pequeño es el ángulo, más amplia es la postura y viceversa. Por tanto, las vacas cojas pueden abrir más las patas traseras cuando caminan sobre una superficie dura, posiblemente para aliviar el dolor de las lesiones probablemente localizadas en las pezuñas externas. De forma inversa, las vacas cojas incrementan su ángulo del paso (juntan más las patas) cuando caminan sobre superficies blandas.
2.2. Pendiente del suelo
Varios estudios revelan que las tasas más altas de laminitis están asociadas con el uso de arrobaderas automáticas para la limpieza de los pasillos. Esto resulta paradójico debido a que este equipo tiende a limpiar los pasillos más frecuentemente que los métodos manuales, lo que significa que hay menos acumulación de estiércol..
Una teoría para explicar esto considera que hay riesgo adicional por mala higiene (exposición elevada a patógenos - dermatitis digital), que ocurre porque la arrobadera provoca un arrastre de gran volumen de estiércol, sobre todo al final del pasillo donde el dispositivo automático de limpieza acumula las deyecciones arrastradas.
Otra explicación podría ser el elevado riesgo de lesiones cuando las vacas brincan por encima o pasan alrededor de la arrobadera, especialmente cuando las están arreando o cuando hay aglomeración en el pasillo y no pueden evitar el obstáculo con comodidad.
Una tercera idea señala que casi siempre hay una fina capa de estiércol en el suelo debido en parte a la menor pendiente típica de los pasillos diseñados para ser limpiados con arrobaderas automáticas. La solución no es complicada: hacer pasar las arrobaderas más frecuentemente para reducir el volumen de estiércol arrastrado en cada ocasión y ponerlas a funcionar cuando las vacas salen de la nave para ser ordeñadas.
Cuando se construye una instalación para vacas de leche, el suelo de los pasillos debería contar con una pendiente suficiente que permita un adecuado drenaje de la orina, del posible agua de lluvia que haya entrado, del agua de refrigeración que escurre del cuerpo de las vacas, etc. y lograr que el estiércol depositado en el suelo no sea tan húmedo y lesivo para las pezuñas de los animales.
Cuando el valor de la pendiente se incrementa, también lo hace el riesgo de que las vacas resbalen. El rango y nivel óptimo de la pendiente del suelo en ´las áreas más frecuentadas por las vacas se señalan en la Tabla 1.

Tabla 1. Pendiente recomendada del suelo en diversas áreas de una granja de vacas de leche


La pendiente máxima de cualquier zona no debe exceder del 6%. Si se necesitase un pasillo de mayor pendiente para conectar dos áreas, debe diseñarse un escalón de 15-20 cm de altura (contrahuella) y una longitud mínima de 90 cm (huella). Esta huella, a su vez, podría tener una pendiente máxima del 1,5% para contribuir a resolver el desnivel entre ambas áreas.
Cuando los pasillos de retorno de la sala de ordeño se sitúan junto a la sala de espera, la pendiente hacia debajo de aquéllos es la misma que hacia arriba de dicha sala. Observaciones de campo sugieren que el avance de las vacas se ralentiza considerablemente con pendientes hacia abajo superiores al 5%, circunstancia que puede verse agravada por la presencia en estos pasillos de baños de pezuñas que, al tener que colocarse necesariamente en horizontal, crean un escalón a la entrada o a la salida de una altura considerable. Por ejemplo, un baño de 1,5 m de longitud y 12 cm de profundidad, colocado en un pasillo del 6% de pendiente, supone un escalón de casi 22 cm de altura, que supone un claro estrés para los animales e impide un adecuado flujo de salida de éstos de la sala de ordeño.

3. Alojamientos y cojeras
No todos los problemas de cojeras se deben al suelo sobre el que viven las vacas. Hay que tener en cuenta que las cojeras de las vacas lecheras son de origen multifactorial. Los principales factores que aumentan el riesgo de cojeras (además del suelo) y que, por lo tanto, deben tenerse en cuenta en los programas de prevención, son los siguientes:
  • Número insuficiente de cubículos o diseño inadecuado de los mismos, especialmente en lo que a la longitud de los mismos se refiere, lo que resulta en que las vacas (sobre todo, las de menor rango jerárquico) permanecen demasiado tiempo de pie.
  • Prácticas de manejo que obligan a los animales a permanecer demasiado tiempo de pie. Por ejemplo, tiempos de ordeño excesivamente prolongados.
  • Densidad excesiva de animales. Que resulta en una disminución del tiempo de reposo, un aumento de las interacciones agresivas y una acumulación de deyecciones en el alojamiento. Las interacciones agresivas aumentan el riesgo de lesiones en las patas, sobre todo para los animales dominados, que se ven obligados a realizar movimientos bruscos para apartarse de las dominantes o que intentan refugiarse permaneciendo de pie con las patas delanteras en el cubículo y las traseras en el pasillo, lo que aumenta la carga sobre estas últimas. La acumulación de deyecciones reblandece las pezuñas.
  • Cambios frecuentes en la composición del grupo o diseño inadecuado de los pasillos, especialmente si son muy estrechos o no tienen salida, lo que conduce a un aumento de las interacciones agresivas.
  • Manejo brusco de los animales, lo que da lugar a que las vacas se muevan demasiado deprisa, aumentando el riesgo de lesiones en las pezuñas, sobre todo si las características del suelo no son las adecuadas.
  • Estrés calórico, que puede causar acidosis ruminal y un aumento de laminitis de origen metabólico (ver Frisona española nº 197).
  • Cuidado inadecuado de las pezuñas, puesto que el recorte de éstas reduce el riesgo de padecer cojeras, aunque también un recorte excesivo puede dar lugar a cojeras en vacas sanas.
  • Cambios bruscos en la alimentación o dieta desequilibrada
Es absolutamente necesario limpiar con frecuencia los pasillos, pues un exceso se suciedad, sobre todo en invierno, conlleva una excesiva humedad en las pezuñas, las cuales se reblandecen a una velocidad muy superior a la que se secan, siendo éste un factor predisponente adicional en el origen de las cojeras (Figura 5).

Figura 5. Pasillo sucio y húmedo


4. Preparación de suelos hormigonados
La experiencia demuestra que, en muchas ocasiones, los problemas empiezan en el mismo momento de la construcción, cuando se vierte y extiende el hormigón. Para evitarlos debemos tener presente cuáles son las características deseables de un suelo para que no suponga una causa de disconfort en los animales:
  • Proporcionar una superficie de desplazamiento relativamente seca
  • Permitir un desplazamiento seguro y cómodo, es decir, no deslizante y tampoco abrasivo, lo que supone la principal dificultad en la preparación del suelo
  • Duradero sin perder sus propiedades
Habitualmente, el suelo por el que se desplazan las vacas se prepara creando unas ranuras paralelas (o en otras disposiciones geométricas) en la superficie del hormigón en un determinado momento del fraguado. Estas ranuras son las que se pretende que proporcionen un adecuado agarre o tracción a los animales.

Figura 6. Dibujo hexagonal del suelo


Consultando distintas referencias se puede comprobar que hay divergencias entre ellas (a veces notables) sobre cómo debe ser un correcto rasurado del hormigón. Probablemente la mejor opción será la que proporcione una buena adherencia en todas las direcciones. Para ello, se propone realizar un dibujo hexagonal con polígonos de 5 cm de lado (figura 6).
Este dibujo se puede realizar hoy día sin mayores problemas que su mayor coste, utilizando técnicas de hormigón impreso utilizadas con asiduidad en pavimentos urbanos, aunque existe el riesgo de que al levantar los moldes de grabado del hormigón los hexágonos, que deberían ser planos, queden convexos.
En su defecto, también resulta interesante un doble rayado en ángulo para formar rombos (Figuras 7 y 8).

Figura 7. Suelo rayado en forma de rombo

Figura 8. Herramienta para el rayado

Figura 9. Rayado longitudinal


Esta disposición favorece el agarre de las pezuñas en tres circunstancias especialmente delicadas: cuando el animal está comiendo o cuando sale o entra de la zona de reposo (se cubículo o sea cama caliente). Indudablemente, cuando se desplaza a lo largo del pasillo la tracción no es tan buena como en los rayados descritos anteriormente.
Donde no parecen tampoco ponerse de acuerdo los técnicos e investigadores que trabajan en este asunto es en las dimensiones que deben tener las ranuras y, sobre todo, cuánto deben estar separadas. Frente a los que sostienen que las ranuras no deben separarse más de 5 cm para que el deslizamiento se las pezuñas “se pare antes de iniciarse” al encontrar rápidamente una de ellas, están los que señalan que esta distancia impide al animal apoyar la mayor parte de su pezuña sobre una superficie plana y que, por ello, favorecen las lesiones podales.
Una solución que nos ha convencido aunque tiene un costo algo mayor es la siguiente:
  • Ranuras de 1,0-1,5 cm de anchura y 1,0-1,5 cm de profundidad. Una mayor profundidad tiene la ventaja de demorar más tiempo un nuevo rayado.
  • Ranuras separadas entre 7,5 y 10 cm. Esta separación permite un mejor apoyo de la pezuña
  • La superficie entre ranuras puede rayarse ligeramente para mejorar la adherencia, sin llegar a provocar abrasión. El inconveniente es que este rayado dura poco (al ser muy ligero) y es necesario repetirlo frecuentemente (figura 10).

Figura 10. Diversos ranurados y acabados del suelo


Lo verdaderamente difícil es efectuar el rayado en el momento preciso. Si el hormigón está demasiado fresco, el paso de las herramientas dejará aristas más rugosas y un acabado deficiente. Incluso la ranura tiende a cerrarse tras el paso de la herramienta. Si, por el contrario, el hormigón ya está demasiado duro, la herramienta no penetrará bien y se formarán convexidades en la zona de apoyo de las pezuñas y ésta no será uniforme. También puede levantarse ligeramente el hormigón y dejar una superficie muy rugosa. En la figura 11 se muestran cuatro imágenes, observándose una buena terminación en la mitad de cada una de ellas y un mal acabado en la otra mitad.

Figura 11. Acabados correctos e incorrectos de un suelo ranurado


Suelos nuevos o viejos con agujeros o superficie irregular aumentan el riesgo de tropezones y torceduras de las articulaciones del “menudillo” (articulación metatarso/metacarpo falángica).
Si una vez fraguado el hormigón se observa que la superficie queda abrasiva será necesario utilizar una máquina “lijadora” que deje la superficie correctamente. También pueden atarse al tractor un determinado número de bloques de hormigón y, tras sucesivas pasadas del tractor, se habrán eliminado esas rugosidades que hacían impracticable el suelo. Para saber si el suelo tiene una terminación adecuada, algunos técnicos recomiendan andar descalzos sobre el suelo; es decir, si una persona puede andar descalza por una superficie de hormigón sin lastimarse, tampoco la vaca se lastimará las pezuñas.
La superficie del suelo se deteriora por el continuo paso de las arrobaderas y por las heladas; una fina lámina de estiércol permanece, convirtiendo el suelo en una superficie deslizante e insegura. Por tanto, todos los pasillos por donde circula el ganado deben ser periódicamente estriados en su superficie.
Hay que evitar situaciones como las reflejadas en la figuras 12 y 13, debidas a una mala terminación del hormigón (vibrado defectuoso, generalmente) o un desgaste excesivo unido a una mala calidad del hormigón.

Figuras 12 y 13. Suelos con terminación defectuosa y áridos sueltos


Dadas las dificultades que tiene conseguir un adecuado rayado del suelo durante el fraguado del hormigón, cabe la opción de efectuar este rayado una vez que el hormigón ya ha adquirido su dureza definitiva. En este caso, una vez fraguado completamente el hormigón se hace pasar una máquina especial para realizar el ranurado del suelo. Después de esta operación el suelo debe ser lavado concienzudamente para eliminar los restos de material y de polvo. Generalmente, el hormigón tiene un pH bastante alcalino que puede originar problemas adicionales al de su dureza. Para evitarlo, se puede realizar un primer lavado incorporando al agua un ácido suave como el acético o el fosfórico, para bajar el pH del suelo a un nivel inocuo para las pezuñas del animal.

5. Suelos de goma
En los últimos años se están incorporando en parte de la superficie del establo (por ejemplo, delante del comedero, en los pasillos hacia la sala de ordeño y en el corral de espera al ordeño) otros materiales más “flexibles” y cómodos que dan la oportunidad al animal de “aliviarse” de la dureza del hormigón: alfombras de goma. (Figuras 14, 15, 16 y 17).

Figuras 14, 15, 16 y 17. Alfombras de goma en comedero, pasillos, espera al ordeño y andén


Estos suelos blandos también inciden sobre el comportamiento del animal. En particular, la acción de lamerse la cola o la ubre es un valioso indicador de la calidad de los suelos, pues los animales se colocan en una posición inestable, con una pata posterior levantada y la pata delantera en diagonal (Figura 18).

Figura 18. Un suelo seguro permite manifestar determinadas conductas


Del mismo modo, el miedo a resbalar en un suelo no adecuado provoca que las vacas no manifiesten sus celos por medio de la monta, comportamiento que sí manifiestan sobre superficies (como la goma) que les aseguran una buena tracción e impiden que resbalen y caigan (Figura 19).

Figura 19. Las vacas se sienten más cómodas sobre el suelo de goma


La tranquilidad que las gomas colocadas en la sala de espera y sala de ordeño aportan al ganado estimula una adecuada secreción de oxitocina y no de adrenalina. También se ha observado que defecan menos y tiran menos pezoneras.
La colocación de las alfombras o tapetes de goma requieren una base de hormigón u otra superficie rígida como material base para proporcionar soporte y un medio para anclar el producto.
Cuando se instala una alfombra de goma en la porción del pasillo de la vaca adyacente al comedero, hay que rebajar la superficie del piso de hormigón que va a recibir esta alfombra para crear una superficie uniforme o pendiente para el agua. De otra forma habría que ajustar las hojas de la pala arrobadera que se use para que se adapte a un pasillo desigual.
Los materiales con los que se fabrican estas alfombras de goma deben facilitar el confort y bienestar de las vacas, al tiempo que deben ser capaces de resistir muchos factores ambientales de las instalaciones. Los pisos tienen que tener grosor y composición adecuados para ofrecer alivio de un sustrato más duro situado por debajo y, al mismo tiempo, brindar seguridad para que las vacas puedan apoyar bien. También tienen que ser lo suficientemente resistentes para resistir la compresión, tensión y fuerza de desgaste de las vacas, equipos y variaciones térmicas que se aplicarán continuamente sobre ellos.
Buena parte de las bandas de goma que han instalado los productores de leche en os Estados Unidos se han obtenido como desecho de la industria minera, donde se usan en cintas transportadoras de minerales. Aunque varían en dureza y grosor debido a la diferencia de productos entre fabricantes y a la manera en que fueron utilizados inicialmente, las bandas de goma que se usan generalmente tienen un grosor entre 2 y 3 cm, una dureza de 70 a 85 en una escala de medición llamada A-Shore y están reforzadas con alambre metálico. La presentación comercial suele ser en rollos que son extendidos en la granja y fijados con anclajes resistentes a la corrosión. Estos anclajes deben estar enterrados profundamente en el hormigón para resistir las fuerzas aplicadas a las bandas, y estar ligeramente hundidos para evitar que el tejido de alambre perfore los cascos de las vacas.
Se pueden trazar surcos en estas bandas para proporcionar tracción adicional y facilitar el drenaje de la orina.
Otra posibilidad es el empleo de rollo de goma, similar a los anteriores, pero sin ser un producto de desecho de la industria. Estas alfombras están reforzadas con fibras de naylon-poliéster, lo que hace de él un producto más fácil de cortar en el campo que las bandas de goma reforzadas con alambre de metal. Otra ventaja es su grosor y dureza, que son más constantes entre un rollo y otro, a diferencias de las bandas de uso minero; es decir, se trata de un producto más estandarizado.
Cuando empezaron a usarse suelos de goma, casi la mitad de los ganaderos rayaron esta goma porque se volvía muy resbaladiza al humedecerse. Hoy día, las gomas se comercializan con diversos relieves para favorecer el agarre (Figura 20).

Figura 20. Suelo de goma con relieve en la cara superior para aumentar el agarre y en la inferior para aumentar la adherencia a la base


Con el paso del tiempo (1 a 4 años) los problemas de cojera pueden incrementarse, lo que se explica por el menor desgaste y mayor crecimiento de la pezuña en este tipo de suelo y el reblandecimiento del casco. Cuando una pezuña se lesiona sobre un suelo de goma tarda más en curarse. Estos suelos no implican necesariamente más vacas cojas pero las cojeras duran más tiempo y se da una mayor coincidencia de vacas cojas por esta razón.
Sin embrago, otros estudios si señalan una menor incidencia de cojeras cuando las vacas se desplazan sobre estos suelos más blandos. En lo que sí coinciden todos las experiencias realizadas es que sobre suelos de goma las vacas se sienten más confortables, como lo indica el hecho de que cuando la superficie de este suelo está restringida su uso está correlacionado con el orden jerárquico de las vacas y la preferencia de las vacas por pisar sobre este suelo (Figura 21).
Las vacas también pasan más tiempo tumbadas en el pasillo cuando éste está recubierto con goma, aunque también hay que pensar en que este comportamiento esté relacionado con una falta de confortabilidad de los cubículos lo que hace que su uso no resulte atractivo para las vacas, por incómodos.

Figura 21. Las vacas prefieren el suelo de goma al de hormigón


La instalación de esto suelos es especialmente importante en las zonas donde las vacas realizan giros bruscos o donde hay canaletas o rejillas que las vacas deben pisar o “saltar” sobre ellas.
Obviamente, estos suelos suponen un coste añadido en la instalación y parecen presentar ciertos problemas cuando el sistema de limpieza mediante arrobadera con filo metálico . También los granjeros manifiestan ciertas reservas a la vida útil de estas alfombras y a la necesidad de arreglar las pezuñas con más frecuencia por el menor desgaste que experimentan.
Sin embargo, de diversos estudios realizados hace pocos años se desprende que la menor cuantía de los gastos ocasionados por cojeras en vacas sobre superficie de goma frente a las que están sobre superficie hormigonada, daba lugar a un pay-back de las alfombras de 1,52 años, considerando sólo el coste del material, sin aplicar costes de instalación e intereses. También hay que tener en cuenta otros factores como la mejora del estado general de los animales, mejora de la fertilidad e incremento de la producción. Si la tasa de reposición baja por la colocación de las gomas del 35 al 28%, en un establo de 140 vacas, eso supone que las alfombras se podrían amortizar, sólo por este hecho, en menos de 6 años. Teniendo en cuenta que es frecuente desechar vacas adultas, excelentes productoras, por problemas continuos de patas que influyen en que no queden preñadas, la minimización de este problema haría que estos animales tuvieran una mayor longevidad en el rebaño.

6. Suelos emparrillados
En algunos países son muy numerosas las granjas donde los pasillos de circulación y/o los de alimentación consisten en slats o emparrillados a través de los cuales pasan las deyecciones para caer en fosos situados debajo. Este tipo de suelo presenta diversas ventajas:
  • Proporciona a la vaca una superficie generalmente más seca.
  • No se requiere entrar para limpiar el pasillo
  • No se requieren medios mecánicos para la retirada de las deyecciones.
  • Las vacas suelen estar más limpias, incluso aunque se tumben en os pasillos.
  • Hay menos suciedad en los cubículos
  • Las deyecciones pueden almacenarse bajo el emparrillado, ahorrando espacio en el exterior.
Pero también presentan ciertos inconvenientes:
  • Las vacas suelen caminar con menos confianza y seguridad
  • Si el estiércol se acumula sobre el emparrillado, las vacas caminarán con dificultad.
  • La acumulación de estiércol bajo el emparrillado genera gases y olores.
  • Las vacas pueden sufrir heridas y lesiones por las aberturas del emparrillado (aunque no suele haber muchas quejas de los ganaderos sobre este particular).
  • La construcción de los fosos y los slats son costosos.
  • Si hay que levantar una vaca caída, el emparrillado no suele soportar el peso de un tractor.
Los slats usados habitualmente presentan unas barras de hormigón de 15 a 20 cm de ancho, separadas por espacios (aberturas por las que caen las deyecciones) de 4,5 a 5 cm. Sus dimensiones están determinadas por la anchura del pasillo.
Otro diseño más reciente es el de planchas de hormigón donde se han practicado aberturas de 10 a 20 cm de longitud y de 4,5 a 5 cm de anchura (Figuras 22 y 23).

Figura 22. Pasillos con slats

Figura 23. Dimensiones recomendadas


No somos en absoluto entusiastas de este sistema. La comodidad en el manejo de las deyecciones no es compensada, a nuestro juicio, por la mayor incomodidad que aportan y, sobre todo, por la mala calidad del aire de estos establos pues los fosos se convierten en focos de emisión de gases nocivos en el interior del alojamiento. Quizá en climas fríos puedan tener cierto interés, pero en España pensamos que no es una opción adecuada. Y tampoco es la más barata de construir.
Como hemos señalado, el desplazamiento de las vacas es particularmente deficiente en estos suelos emparrillados de hormigón, al resultar muy deslizante. La colocación de gomas sobre las rejillas mejora notablemente aquél (Figura 24). También con estas gomas parece aumentar la “autolimpieza” por la mayor actividad de las vacas derivada de una mayor confianza y seguridad de sus movimientos, disminuyendo el número de deslizamientos laterales y mejorando la puntuación de la locomoción, tanto en vacas cojas como en vacas sanas. También mejora el estado sanitario de las pezuñas.

Figura 24. Emparrillados con gomas


7. Otras alternativas de suelo
En algunas zonas de la granja lechera hay una fuerte interacción cuidador-vaca, lo cual puede ser aceptado o, al menos, tolerado por el animal dependiendo de diversos factores, incluyendo su experiencia anterior en dichas zonas. Éstas son los andenes de la sala de ordeño, mangas o elementos donde se restrinja el movimiento del animal para puede causar temor adicional en la vaca, queriendo alejarse, a veces con brusquedad. En esta situación, la falta de adherencia es muy peligrosa. Por ello, se admite como recomendable aumentar el grado de adherencia en el suelo de estas zonas, aunque supongan también un mayor grado de abrasión. Al fin y al cabo, el tiempo de permanencia de las vacas en estas zonas no es muy prolongado (Figura 25).

Figura 25. Suelo antideslizante, de tipo epoxídico, en la sala de ordeño


Se pueden preparar suelos de forma similar a los que se utilizan en la industria alimentaria, para minimizar el riesgo de resbalones, a base de agregados embebidos en una matriz de resinas epoxídicas. Esta superficie también es útil para proteger el hormigón de la acción erosiva de los ácidos de las deyecciones y de la leche así como en puntos clave de las instalaciones de vacuno donde el riesgo de resbalones es mayor; por ejemplo, alrededor de los bebederos, a la entrada de la sala de ordeño o en los propios andenes de esta sala.
Sin embargo, no se conoce con certeza el tamaño óptimo que deben tener estos agregados. Si son muy pequeños es probable que tengan poco efecto sobre la resistencia de la superficie epoxídica al deslizamiento. Si por el contrario son muy grandes pueden dificultar el desplazamiento de las vacas debido a una fricción excesiva y consiguiente mayor abrasión de las pezuñas. En un estudio británico (Phillips y Morris, 2001) de hace una década, se añadieron agregados de bauxita de 0,5, 1,2 y 2,5 mm de diámetro, consiguiéndose unos coeficientes de fricción estática de 0,35 (sin agregados), 0,42, 0,49 y 0,74, respectivamente. Años antes se estableció (Webb y Nilsson, 1983) que la incidencia de deslizamientos se incrementa rápidamente en suelos con coeficientes de fricción estática inferiores a 0,4.